Doblando Agosto

Por afortunada casualidad ayer nos encontramos con alguno de los menos habituales. Dispuestos a pasar un buen día ni cortos ni perezosos pensamos en subir a Peña Citores desde el Puente de La Cantina.

   Emprendimos el camino que más nos gusta, con tranquilidad que estamos en agosto. Sube sin perdón siguiendo una línea casi recta, entre pinos y a resguardo del sol a primera hora de la mañana. Sorprendentemente encontramos a otros entusiastas en esta ruta poco frecuentada, unos corriendo y otros andando. Conquistados los 600 primeros metros y ya bastante acalorados, paramos a curiosear una antigua construcción bélica que hay en Majalgrillo, donde aprovechamos para repostar el líquido que gota a gota habíamos ido dejando por el camino.

   Con nuevo brío continuamos subiendo en busca del refugito, situado un poco por encima de los 2000m, donde fuimos obsequiados además de con unas excelentes vistas con un aire fresco de primera. Poco menos de 200m faltaban para la cumbre, pero viendo la solanera que teníamos por delante, decidimos dejarlo para otro día y volver al resguardo del bosque;  algo de sentido común aún nos queda. Desde allí mismo un sendero se despeña ladera abajo y……por donde bajar sino?, se ve que la pendiente de la subida no fué suficiente, esta era aún mejor!!!. El suelo estaba lleno de pequeñas piñas traidoras, piedras, arena, palos… así que entre algún “huy” que otro llegamos a una pequeña pradera, con su regato y todo,  donde además de comer echamos una pequeña siesta. Continuamos el entretenido descenso entre enormes y verdes helechos (nos faltó un machete), pinos y acebos, hasta que casi llegando al coche recobramos la posición ideal que para andar se nos supone a los humanos.

  Resumiendo, fué una esforzada, entretenida y sobre todo estupenda excursión.

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Veraneando

Pudiera parecer que estamos desaparecidos, en cierto modo sí. El verano es tiempo de dispersión; hay que asomarse al mar, ir a las fiestas del pueblo o algún destino exótico. Bueno el caso es que ya nadie está un més entero de vacaciones y ese ir y venir propicia que al menos dos, queden para dar una vuelta. Siete Picos, Las Canchas, El Telégrafo eso sí, siempre buscando la sombra que el sol quema, son algunas de las vueltas que hemos dado.

  Siguiendo esta máxima ayer fuimos hasta Valsaín para, por las Peñas de La Chorranca, subir hasta el Chozo Aranguez; a la sombra casi hasta la misma puerta. Empezamos a andar con buena temperatura por el bosque aún verde. Entre robles primero y pinos después, ganando altura llegamos a La Chorranca que baja bastante bien de agua para la altura del año en que estamos. La rebasamos y fuimos en busca de un camino para llegar al Chozo; llegamos casi sin darnos cuenta. Había un grupo de ciclistas y algún andarín. Parece que vamos mejorando, a pesar de que cada vez va más gente por allí aún se mantiene bastante limpio y entero.

  Eran las doce; el aire y la altura nos hacía sentir cómodos pero el sol que nos daba en la cabeza, estaba produciendo un efecto un tanto pernicioso mientras obsevábamos la achicharrada pedrera que Claveles y Peñalara han dejado caer con el paso del tiempo. Nos oímos decir: “por aquí por allí se pueden subir sin problema hasta la Majada Hambrienta”. Por suerte antes de atacar, una mirada atenta nos mostró una buena tormenta en la zona del Reventón y una aproximación de nubes con dudosas intenciones acompañadas de un aire revoltoso. No le dimos más vueltas al fin y al cabo las piedras quedaban ahí, así que  emprendimos la bajada acompañando a un arroyo que, hasta su encuentro con otro, propiciaba una pequeña y sombreada pradera donde comimos acompañados por el sonido del agua.

                              Comentando que la tarde parecía mejorar, reanudamos la marcha buscando el lado menos vertiginoso de la ladera en la que estábamos, para evitar la pista que es por donde van los demás. Lo que empezó como un divertimento acabó como una necesidad, buscando la linea recta para llegar lo antes posible. El cielo estaba oscureciendo y se oían truenos cercanos; ya cerca del coche empezaron a caer unos buenos goterones mientras algún rayo amenizaba la fiesta.

                                          Nos salió bién, quedaba liada una buena.

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De sorpresa en sorpresa

Como todos los veranos el grupo anda desperdigado. Entre idas y venidas algunos nos encontramos y pensamos que no era mala idea una vuelta por Siete Picos. Por exigencias del guión (entiéndase la vida) no podíamos salir muy temprano y tenía que ser un paseo tranquilo.

Temiendo encontrar el gentío habitual (el parking lo presagiaba), emprendimos la marcha tranquilamente dejando a nuestra izquierda el rastro del pequeño hoyo glaciar que hubo un día por allí. La sombra de los pinos y el airecillo reinante nos ayudaron a subir sin sofocos; una vez arriba, coser y cantar. Primera sorpresa, solamente cuatro personas.

  Continuamos la senda y encontramos una pareja atascada, los acompañamos un rato hasta el primer camino que bajaba; se ve que tanta piedra junta no era lo suyo. Llegando al Collado Ventoso otra sorpresa, sólo un par de personas y los caballos de siempre.  Subimos a nuestro comedor de verano en el Cerro Ventoso, con los pinares de Valsaín a nuestros piés y las vistas que corresponden. Al cabo de un rato bajamos al Pto. de La Fuenfría, otros cuatro despistados. Por el camino Smichd apenas nos cruzamos con media docena de personas y las cafeterías del Puerto estaban casi desiertas. Seguía habiendo muchos coches en el parking, donde andarían?, un misterio.

  Nuestro plan de sol por la mañana y sombra por la tarde salió mejor de lo previsto porque el aire que corrió todo el día impidió que nos acalorásemos más de la cuenta.

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Cambio de comedor

Otra vez a cenar en los altos, y eso que el calor no aprieta todavía, pero….. Esta vez se apuntaron además un par de jóvenes, hijos de alguno de los participantes. Eso nos gusta porque a veces estas aventurillas pueden servir para crear afición, y si no que se lo pregunten a algunos.

           El objetivo era la Peña Pintada al estilo Denali; esto es un “pa´rriba”, aprovechando viejos senderos, y por allí había uno bien marcado del que dan fé los más viejos del lugar, o sea del Club. Desde el punto convenido se inició la ascensión, corta pero bastante pindia, que a alguno hizo resoplar; y eso que iban bastante entretenidos buscando los hitos que no tiraron el tiempo o las vacas. Llegados arriba sin más novedad buscaron refugio del aire serrano para cenar sin coger una pulmonía. Vista la puesta de sol, bajaron hasta el Mirador de Las Canchas aprovechando las últimas luces y disfrutando de la tranquilidad reinante. Para continuar tranquilamente por la pista, al coche y a dormir encantados de la vida.

               Más o menos me lo contaron así y lo traslado para disfrute general.

 

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Entre dos luces

Ya tenemos encima los calores del verano, es el momento de volver a la antigua y veraniega costumbre de subir a algún lugar para tomar el bocata mientras se pone el sol y sale la luna, si toca. El otro día tocaba llena y se apuntaron también unos cuanto amigos de nuestro presidente.

              Unos y otros llegamos al Pto. del León más o menos a la hora prevista. Hechas las presentaciones iniciamos la marcha con una estupenda temperatura y vigilando atentamente el desplazamiento de una negra nube; las tormentas aún rondan por ahí y no hay que relajarse. A poco de salir llega un mensaje de Elena, “acabo de llegar, donde estaís”? Ostras!! como no teníamos claro si venía….Nada la encaminamos y en pocos minutos ya estaba con nosotros, justo antes de empezar a subir la primera cuesta.

              Así entre charlas y fotos, algunos casi corriendo, subimos el Piñonero, bajamos al Coll de La Gasca y subimos a la Cabeza de Lijar, por el GR10 vaya. La verdad es que es un excelente mirador y aunque había calima, se pudieron hacer bonitas fotos. El fresquito reinante hizo salir ropa de las mochilas y acto seguido las viandas; hasta langostinos!! que fueron rulando gracias a la generosidad de su propietaria. Barritas energéticas, para que?. Bueno entre tanto ajetreo disfrutamos de una aceptable puesta de sol, que aquí también las hay muy bonitas. Los más ligeros de ropa tenían frío por lo que emprendimos el regreso dejando allí la magia de la última hora del día. Bajamos hasta el Coll. de La Mina por la pista alumbrados a ratos por la luna. A nuestro piés las luces de Madrid, los pueblos de la zona Oeste y la A6, un despilfarro lumínico espectacular. A lo lejos, sobre Somosierra centelleaban los rayos de una tormenta a la que seguramente nuestra nube contribuyó.

    Misión cumplida a las doce, como Cenicienta, todo el mundo en su casa que al día siguiente había que currar.

 

 

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Por las faldas de La Cuerda

Teníamos prevista una ruta algo más larga, pero pensando en las tormentas vespertinas la recortamos un poco. Si que fuimos al objetivo principal, los Tejos del Valhondillo. Resistían tranquilamente el paso de los años en su hermoso rincón hasta que empezó a correrse la voz; han tenido que poner vallas para protegerlos. Lamentablemente seguimos sin entender que el monte, el mar, el planeta en definitiva, tenemos que cuidarlo para que los que vienen detrás lo disfruten igual que nosotros.

          Nos encontramos con el resto de los amigos donde habíamos quedado, y sin más preámbulos Valle de La Angostura arriba fuimos por la inevitable pista en busca de un vado que hace un par de semanas estaba impracticable. Aunque los neveros siguen llenando los arroyos, se nota la bajada de caudal lo que nos permitió pasar sin sobresaltos a la pista del otro lado. Mira tu por donde al poco rato vemos (hay que ir atento) la huella de un antiguo arrastradero de troncos. Tienen su que porque siempre están en la parte más fuerte de la pendiente, pero estaba tan bonito tapizado de verde….., además nos permitia darle un buen corte a la dichosa pista.

                                            La volvimos a encontrar más arriba así que disciplinadamente la seguimos para llegar sin sofocos a nuestro destino. Es muy bonita, alta (1.600m. más o menos), cruza varios arroyos y al ser el bosque menos espeso se ve estupendamente todo el cordal desde Dos Hermanas hasta La Morcuera y el espléndido Valle de Lozoya. La idea principal era no salir de la zona arbolada, así que después de disfrutar del lugar enfilamos el sendero que a trompicones baja al lado del Ayo. de Valhondillo, mientras nos encontramos alguno que otro preguntando por los tejos. Llegados a una verde pradera sacamos nuestras viandas que despachamos en medio de una animada conversación. La verdad es que en los momentos que no vamos axfisiados cuesta arriba, se generan unas charlas que cuando nos paramos dan hasta para filosofar;mmmm muy interesante si. Debe ser el aire puro que nos inspira.

    Continuada la marcha y por no seguir la pista nos pasamos el Puente de La Angostura, así que hubo que ponerle remedio encuanto el río lo permitió, botas en mano o al cuello y pantalones remangados pasamos al otro lado bajo la atenta mirada de los “bañistas” que por allí estaban tirados. Con toda dignidad nos secamos los piés, nos calzamos y en poco rato llegamos al coche.

    Eran las cuatro y algún trueno oímos de fondo, siguen ahí las tormentas.

 

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Verano

El modelito de entretiempo lo hemos lucido poco. Llegó el calor y hay que sacar los trapitos de verano. Es el momento de hacer salidas más sombreadas y por zonas más frescas, así que tirando de archivo el sábado algunos fuimos a dar una vuelta por los preciosos pinares de Valsaín-La Granja.

                       Sin prisa, disfrutando del fresquito mañanero, nos encaminamos hacia la Cueva del Monje, por el variado bosque al que llegaba el agua de unos cuantos arroyos. Según la altura, además de los pinos la mirada atenta ve cerezos, robles, grupos de acebos en compañía y algún tejo despistado, además de una gran variedad de arbustos mostrando sus flores que dan otra nota más de color. Primera parada para tomar algo y hacer las fotos de rigor. Confirmado, con este plan el recorrido previsto ni de broma; no pasa nada, reajuste y…. a subir por aquí.

                                                  Enfilamos un camino (no “el camino”) hacia nuestro siguiente destino, Las Peñas de La Chorranca; otra parada para mojarse los pies, mientras hacíamos más fotos y observábamos el ir y venir  de gente por el camino del otro lado. Desde allí encaramos la empinada ladera por donde se despeña solitario el Ayo. de Las Almas del Diablo, que ese si que estaba espectacular.

                Al llegar a lo alto, el terreno da una tregua mientras llega a una pista que dimos en llamar Avenida de los Cerezos; sorprenden a esa altura en medio de tanto pino. Atentos al cambio que se estaba produciendo, llegamos al comedor previsto: La Silla del Rey en el Cerro del Moño de la Tía Andrea. Poco tiempo para comer, una más que ruidosa tormenta se acercaba por momentos y no era precisamente un chaparrón la mayor preocupación. Así que venga que hay que espabilar, ni camino ni fotos ni nada. En una vertiginosa casi linea recta, llegamos a Valsaín mientras dejábamos el tormentón a nuestras espaldas.

             Así de bonita fué la ruta de los nombres largos.

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La Najarra

Sorteando las nevadas, chaparrones, granizadas rayos y truenos con los que nos ha obsequiado la primavera, nos acercamos al verano. Ha venido muy bien, porque el agua baja con fuerza por los arroyos y aún quedan unos cuantos neveros que, hace mucho tiempo no veíamos a estas alturas del año.

           Con el gorro, los guantes y el chubasquero bien guardados en la mochila, que nunca se sabe, llegamos al Pto. de La Morcuera donde nos encontramos con unos amigos dispuestos a compartir el día con nosotros. Cuando propusimos la ruta nos miraron como si estuviesemos locos, eso de bajar para luego subir…..,bueno uno decidió subir directamente a La Najarra y esperarnos allí. Sin más preámbulos el resto nos fuimos en busca de un camino que sube, en casi linea recta, hasta la cumbre.

   Bajamos los algo más de 200m que tocaban, por el ancho y estupendo camino que, entre pinos y arroyos  sobre el suelo cubierto de hierba brillante, va a Miraflores pasando por Monte Aguirre. Todo el mundo encantado sin acordarse que luego tocaba subir. Llegamos al inicio de la llamada Senda de Santé, que desde el principio deja claro que poco respiro va a haber; menos mal que seguíamos a la sombra!.

                           Alguna parada hicimos para ver el paisaje (realmente recuperar el resuello), hasta llegar al collado del Cuatro Calles, pequeña tregua antes de acometer la última subida por un serpenteante y entretenido sendero entre piedras. En el bosque vimos un enorme boletus y en el collado nos encontramos con las genistas que empiezan a florecer tiñéndolo todo de amarillo; también un par de arbolillos que no supieron crecer para arriba, que es lo que les toca, contemplaban el entorno asomando desde una enorme piedra.

           En la cima nos encontramos con el que había subido por el camino más corto y tras las fotos de rigor nos dispusimos a comer en animada charla bajo un sol aún amable, gracias al airecillo que por allí andaba.

   Reanudamos la marcha en dirección al refugito que medio hay (la otra mitad se ha caído) en el camino de bajada al collado de ruta a Los Bailanderos. Y ya desde allí volvimos tranquilamente hasta el Puerto, dándole vueltas a una idea que nos ronda.                     Hasta la próxima!!!

 

 

 

 

 

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Mar y Montaña 2018

En nuestra segunda salida “Entre Mar y Montaña” coronamos el tan famoso y conocido Montgó. De hecho tiene distintas alternativas para llegar a él. Entre todos, la noche del viernes cuando nos re-encontramos todos en la casa rural Ca-alzina ( Benimeli –Alicante) lo decidimos: Subir al Montgó desde Denia por la Cova de L’Aigua. Ruta circular con un desnivel de 820m. No madrugamos demasiado y partimos con el coche ilusionados hacia el Parque Natural del Montgó. El día estaba nublado, por lo que nos permitió disfrutar del camino, eso sí, sufrimos un poco de humedad nos hizo enseguida al llegar a la Cova de L’Aigua hidratarnos para recuperarnos.

    

Tras visitar la Cova, recuperamos el sendero dirección a la Penya de L’Aguila. Alex y Xavi se pusieron a la cabeza. Disfrutamos de las vistas del puerto de Denia y sin darnos cuenta íbamos cogiendo altura hasta llegar a la Creu de Denia (694m). Desde este punto, puedes llegar a ver Ibiza un día despejado pero en nuestro caso, no pudo ser así, más bien todo lo contrario, justo nos encontramos en medio de una niebla densa que nos impedía ver mucho más allá.

                                           Aprovechamos para comer algún fruto seco y beber y en unos minutos tras despejarse un poco el cielo, emprendimos la marcha cresteando para llegar a la cima del Montgó, opción más atrevida que volver al sendero. Y por fin coronamos el Montgó (752m). La vuelta, se nos hizo un poco larga, eso sí, el sol a nuestras espaldas nos obligó a ponernos protección solar. Al final, unas 7 horas de ruta circular y un desnivel de 820m. Con el objetivo cumplido, y como estaba planeado, nos fuimos hacia la playa de Javea para encontrarnos con Yolanda y Lola y las peques Mar y Candela, que pasaron el día difrutando del mar y cómo no, nosotros darnos un baño. Un día inmejorable que disfrutamos todos peques y mayores y que, como colofón, degustamos una horchata granizada en el mismo paseo marítimo. Pero el tiempo apremiaba, y por la noche jugaba el Madrid la final de la Champions y, Alex estaba ya nervioso por llegar a la casa y poder sentarse enfrente del televisor y ver el partido con su coca cola. Y finalmente todo salió rodado para todos. Un nuevo éxito del Denali, una jornada estupenda  “Entre Mar y Montaña”.

  Guadalest: El domingo, cuando recogimos la casa, nos dirigimos hacia Guadalest. Un pueblecito muy pintoresco, con las calles empedradas con su castillo de testigo y un pantano que lo rodea de agua azul celeste que no deja indiferente. Estuvimos callejeando y, finalmente Ruth, Xavi y Jaime se animaron a visitar el interior del Castillo. Y como no podía ser de otra manera, y porque ya es un clásico acabamos comiendo paella de pollo y conejo para finalizar un finde inolvidable. Hasta la próxima tercera salida, que ya os adelantamos será en la Sierra de Bernia.                      Mar.

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Paseillo

Esta es una breve crónica de lo que pudo ser y no fué. Madrugamos para ir a dar una vuelta mañanera por Siete Picos. Subiendo por la carretera ya vimos que no pintaba bien pero continuamos hasta el Puerto de Navacerrada para dar la vuelta que no era cosa de hacer una pirula; no sólo había niebla, llovía.

  Saliendo de la nube echamos un vistazo y comprobamos que hasta Las Machotas se cubrieron entre que subimos y bajamos. Pero como siempre hay remedio para todo, nos fuimos a dar una vuelta por el Bosque de La Herrería a ver que nos daba de sí. Impresionante; los robles y los castaños con sus hojas nuevas, flores por todos lados, las piedras cubiertas de verde y brillante musgo rebosante de agua, los pájaros cantando como locos y las vacas viendo la vida pasar mientras cuidaban de sus curiosas crías. En el collado de Las Machotas, topamos con la nube así que a bajar por aquí y por allá por aquello de no hacer el mismo camino.

                           Subian otras gentes, unos como nosotros (montañeros rebotados)  y otros paseantes ocasionales. A tan aguda conclusión llegamos observando las vestimentas.

 

 

 

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