Haciendo deberes

Habíamos quedado en salir a poner en práctica las enseñanzas de la semana anterior. Mejor no pudo salir el día para hacer prácticas de orientación; había niebla no muy espesa, pero buscar de buscar puntos de referencia, poco.

        Así que siguiendo las enseñanzas y consejos de Marta (hola si lees esto), fuimos a una zona más o menos conocida y “entretenida” por la cantidad de senderitos que te llevan a darte de narices con alguna via de escalada; naturalmente hablamos de La Pedriza.                                   Muy puestos en situación con el mapa y la brújula trazamos rumbo y partimos en busca del primer punto. Bien, aquí a corregir que hay que cambiar de dirección. De pronto delante tenemos dos senderos que salen en la misma dirección, uno de ellos ligeramente hacia arriba “pues este” (lo de subir nos puede). Medio trepando pasamos al lado de un endrino esplendoroso y un alcornoque colgado en un sitio imposible. Plaff! nos pegamos con El Indio. “Aquí no, hay que bajar”; marcha atrás para coger el otro camino que, sin rencor por haberle despreciado antes, nos llevaría al collado donde queríamos ir.

           Por fin salimos de la niebla y a nuestros pies un espléndido mar de nubes. Poco después llegamos a la Cueva del Ave María que era el siguiente destino. Continuamos camino arriba pasando por El Caracol y el Risco del Ofertorio para llegar a La Gran Cañada.

                Cambio de rumbo otra vez. Paramos a comer en el Risco de las Tres Puntas y….de la mochila de Alfredo salieron el turrón del montañero (chocolate con frutos secos) y una botella de sidra “que estamos en navidad” dice. Menos mal que todos los años te acuerdas compañero, que los demás andamos atontolinados. El caso es que los ejercicios de triangulación que hicimos después de comer aprovechando la buena visivilidad, salieron bastante decentes a pesar de las burbujas; un aprobadillo o así.

  Bajamos por un vertiginoso camino hasta la Garganta de La Camorza por donde, acompañados por el fragor del Manzanares, llegamos al Tranco.

        Día bonito, bonito, provechoso y divertido.

 

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Buscando el Norte

Albricias!! nuestro presi ha conseguido alinear los planetas. Resultado: unos cuantos apuntados para hacer un curso de orientación con la Fmm.

        La mañana del sábado acudimos a la cita rodeados de una niebla húmeda y fría, buen “ambiente” para aprender a orientarse. Menos mal que una cafetería nos dió cobijo para desarrollar la parte más teórica. Visto esto ale, mapa y brújula en mano a dar vueltas por Valdelatas con poco tiempo para fotos, que íbamos muy enfrascados en la tarea. La niebla levantó un poco y a la hora de comer, es un decir, quiso salir un rayo de sol que casi nos dá; hubiera sido estupendo porque alguno andaba con un poco de frío.

   

El domingo abriéndonos paso entre la niebla (otra vez) por la A6, llegamos a La Jarosa donde habíamos quedado con Marta, nuestra profe, que ha conseguido “desasnarnos” un poco dicho sea de paso. Cuatro explicaciones más debajo del tejadillo de la Ermita de S. Macario CON RESTOS DE UN BOTELLÓN en una esquina, y salimos llenos de entusiasmo dispuestos a llegar a los puntos previstos sin demasiados titubeos. No voy a extenderme más porque nuestra compañera Isabel ha resumido muy bien las jornadas además de aportar alguna foto.

  Resumen del magnífico fin de semana en “palabras”:                                                                      “Jabalineando” y cuidando “no enriscar”, todo el grupo muy atento del “stop” no superar, seguía diligente “la barandilla natural” buscando la mejor manera de “progresar”. Y cuando acecha la duda fatal, “brújula” en mano “un rumbo a trazar”. Norte del “limbo” con norte del mapa igualar y rotando con uno mismo el norte geográfico con el del limbo igualar, todo el grupo muy ufano ya sabe qué dirección tomar, sin pánico a no saber contestar  cuando Marta pregunte  dónde estás?!!!!!!!!!!!!!!

  Nos acompañó el sol, lo pasamos muy bien y….aprendimos cosas. Somos afortunados.

 

 

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Una vuelta por ahí

Este otoño alborotado que nos lleva de la manga corta al forro polar y viceversa, este fin de semana nos prometía nubes bajas y un poco de lluvia. En vista de lo cual optamos por dar una vuelta mañanera, que la tarde pintaba peor. Así que La Jarosa fué el por ahí; buen refugio cuando la cosa no da para mucho.

 

Con las nubes 200m por encima de nuestras cabezas, empezamos a andar por el Camino  del Agua, sorteando los enormes charcos que habían dejado los últimos chaparrones. El Arroyo del Picazuelo iba llegando, saltando de piedra en piedra, camino del embalse intentando rellenarlo que aún le falta. Los árboles y arbustos de las orillas daban el toque de color sobre el fondo verde de los pinos en una mañana gris y templada.

  Pronto entramos en la niebla, que por suerte no era húmeda. Llegamos a un collado y  luego por aquí y por allá, deambulamos por donde teníamos más o menos previsto, con la sensación de estar en un lugar desconocido. Tiene su gracia ver como los caminos desaparecen delante y detrás de tí.

  Encontramos un par de caminantes, dos corredores y un par de parejas paseanedo el cesto de las setas, mas vacio que otra cosa; mal año este. Saludamos, cambiamos algunas palabras con los que tuvimos más a tiro y continuamos con nuestras cosas hasta que una inspiración en forma de finas gotas nos dijo que era el momento de regresar.

  Para cuando entramos en el coche llovía.

 

 

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El día de La Almudena

No hay nada que dé más  gusto que acercarse a la sierra de Madrid un día de semana, aunque sea un festivo como la Almudena y te arriesgues a encontrar media ciudad paseando por sus faldas. Pero por suerte después de unos días de nieves, y lluvias en las cotas más bajas, estaba anunciada una ventana de buen tiempo, de unas horas sólo, pero lo suficiente para dar un pequeño paseo.

       Allá fueron los crampones y piolet, a la mochila, que ya se sabe que tras un tiempo así incluso en el Peñalara se pueden echar en falta. Fue llegar al parking de Cotos y el hielo  nos esperaba. Al poco de andar el guarda del parque recomendaba a los paseantes ponerse ya crampones, en caso de tenerlos, pues la pista inicial estaba todavía más helada y uno se arriesgaba a darse una culada. Muy obedientes, nos pusimos los crampones que de la mochila salieron quitando peso a la espalda. ¡Qué gozada!

         Y así empezamos andar. Pasado el depósito de agua ya casi no venía nadie por nuestro camino hasta el punto que en la bifurcación de la laguna grande y la de los pájaros, ya empezamos a andar solos, sin prácticamente huellas. De vez en cuando se intuía la de unas raquetas, pero nosotros abríamos la nuestra, disfrutando de la nieve recién caída la noche  anterior.

  Durante todo el camino nos acompañó una niebla fina que desdibujada los contornos, un especie de whiteout autóctono que nos hacía parecer dentro de una nube, oyendo solo nuestras pisadas . Con esta niebla seguimos andando hasta las Lagunas. Llegando a la de los pájaros la nieve cubría fácilmente medio metro, fallando a veces bajo nuestros pies y enterrándonos  hasta la rodilla. Estaba medio helada y solo  quedaba un trocito en la que se veía el agua.

  Decidimos dejarlo ahí. Habíamos ido a un ritmo muy de paseo, relajados, sacando fotos y maravillándonos de lo bonita que puede estar una montaña tras una noche de nevada. Pero la idea era bajar pronto hoy, e incluso llegar a la salida de los coles.

                                                                                         Así que nos pusimos a bajar.        Carlota.

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La Peña del Berrueco

Meteorológicamente hablando el pasado fin de semana fué invernal. Este se presentaba otoñal (el tiempo está loco), así que bien dispuestos nos encaminamos a Casillas para desde allí subir al Berrueco.

      La mañana estaba despejada y fresquita cuando entre hermosos castaños iniciamos la marcha; pronto los dejamos atrás y entre pinos llegamos al Collado de Las Vacas donde se cruzan varias pistas. Nos encontramos un par de cazadores que con la consigna de “no salgais de la pista”, despacharon nuestras preguntas. Con las orejas bien abiertas continuamos por el camino que tocaba, donde poco a poco iban desapareciendo los pinos para dejar ver el Valle del Tietar. Oh maravilla, había un estupendo mar de nubes!!.

   Disfrutando de las vistas nos cruzamos con unos cuantos ciclistas y un coche de bomberos mientras llegábamos al final de la pista, donde se inicia el sendero que sube al pico, bastante bien marcado por hitos pero lleno de incómodos cambrones. Una rápida ojeada nos ofreció mejor alternativa y en un pis pas con poco sufrimiento, llegamos a la cima. Lo primerito poner guantes, gorros, chaquetas…, un fuerte y frío viento racheado nos dejó sin respiración, a cambio teníamos el horizonte perfecto. Agazapados tras unas piedras contemplamos el espléndido panorama durante un ratito.

   Bajando pasamos por el lugar donde había unos cuantos ¿guarros está bien? comiendo cuando subíamos; dejaron unas cuantas muestras de su paso por allí. De haberlos encontrado otra vez, les iba a caer una “charla” seguro. Mas abajo estaban dos miembros de Protección Civil cuidando que no se perdieran los integrantes de una marcha que andaba por allí. Para nuestra tranquilidad fueron capaces de indicarnos por donde andaba una partida de caza que oíamos de vez en cuando, así que controlada la situación continuamos rumbo al Pto. de Casillas que era lo previsto.

          Un poco antes de internarnos en el pinar otra vez, paramos a comer al abrigo de unas piedras. Terminado el refrigerio iniciamos la bajada y poco a poco, nos internamos en una húmeda niebla que cubría el pinar, el castañar y que casi nos hace pasar de largo el coche.

  También aprovechamos para coger unas cuantas castañas de las caidas en el camino.

 

 

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De todo un poco

Hacía unas cuantas semanas que teníamos previsto ir “de hayedos”, antigua costumbre afortunadamente rescatada. Aunque la previsión para el fin de semana no era buena precisamente, no nos amilanó y enfilamos la N-I rumbo a Villasur de Herreros (Burgos), nuestra base. Lluvia, aguanieve, los mapas en casa…., no pasa nada van en el “disco duro” (el de alcornoque), ah! y las cadenas en el maletero que nunca se sabe. Al mal tiempo buena cara.

        El sábado nos levantamos con una ligera capa de nieve en los tejados y los árboles. Era lo único que alegraba la vista, porque el cielo más negro y las nubes más bajas, no podían estar. Así que reajuste fino, ruta más baja y corta que luego ya veremos. A Urrez fuimos y con paraguas y todo, empezamos a subir a su sierra por una cómoda pista flanqueada por robles y hayas de colores.

  Llegamos al reino de los pinos cubiertos de nieve, justo debajo de las nubes, así que decidimos bajar por otra pista. Unas tenadas que habíamos visto al subir, eran nuestro destino. Allí tuvimos la suerte de encontrar a un “corricolari”, que detectando nuestra necesidad de andar otro poco, nos indicó un camino bonito donde los haya. Árboles de ribera cada uno de su color, que poco a poco se iban cambiando por hayas, a orillas de un riachuelo de aguas ferruginosas, que transcurría por un estrecho barranco. “Primer camino a la derecha” nos dijo y volvimos a los pinos y….al sol!!!, para bajar por una despejada ladera con una vista espectacular y un mas que fresco viento de cara.

   Comimos en un prado con los últimos rayos de sol. Con la tarde por delante, fuimos a turistear por Pradoluengo y Ezcaray paraguas en ristre. Volviendo, salió el sol así que dimos un paseíto por el pantano de Uzquiza. Aún nos quedo tiempo para tomar una caña con un antiguo amigo, pastor en La Demanda al que guardamos mucha ley, que nos obsequió con una enorme y estupenda calabaza y unos endrinos de primera. Para rematar cenamos en la Cantina de Urrez, cuando salimos empezaba a nevar.

           El domingo amaneció desapacible, con más nieve que el día anterior, así que por si acaso emprendimos el regreso. La carretera estaba limpia y según nos alejábamos de la sierra, un viento muy, muy frio (comprobado cuando salimos del coche) se fué llevando las nubes, la nieve, la lluvia….. Paramos en Covarrubias y en Silos, donde además de ver el Claustro, tuvimos la suerte de coincidir con el canto de la hora sexta.

   Pintaba fatal pero al final despedimos como se merece el horario de verano.

 

 

 

 

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Por la carretera de Burgos

Empezamos la semana pensando en ir hacia el O, pero viendo la evolución del tiempo nos fuimos justo al lado contrario. No es que nos asuste la lluvia, pero procuramos que nos caiga encima la menor cantidad posible que es otra cosa. Así que por la mañanita, N-I arriba en dirección a la zona más despejada.

                                    Ibamos en busca de los acebos de Robregordo y gracias a una vecina madrugadora encontramos la salida conveniente; una de dos o  la señalización es un poco confusa, o no nos enteramos que también puede ser.

          El caso es que echamos a andar por el buen camino encontrando a los pocos metros acebos llenos de bolitas rojas, bien brillantes gracias a la lluvia que debió caer por la noche y a los rayos del tímido sol.  Los colores del otoño ya asoman, algún roble ponía el amarillo, un serbal daba un tono rojizo, los helechos el marrón  y los pinos……verdes como siempre.

           De pronto, nos pareció que ya estaba bien de tanta pista y aplicando aquello de que “la linea recta es la distancia más corta entre dos puntos”…., subimos por un precioso pinar lleno de piedras musgosas verde brillante, y alguna que otra seta asomando timidamente. Encontramos restos de construcciones, que algún día tuvieron su utilidad, caidas, silenciosas, tristes. Casi sin darnos cuenta, llegamos a la gran loma de Los Colgadizos desde donde contemplamos el largo cordal que en un sube y baja, rondando los 2000m, llega hasta el Pto. de Navafría pasando por los de La Acebeda, Peña Quemada y Linera.

                                                A la vuelta pasamos por otra zona del acebal, más espesa y sombría pero muy sugerente, observando por el rabillo del ojo a un perro muy enfadado porque nos debimos acercar  más de la cuenta a sus vacas. Menos mal que no pasó de ahí, lo que nos faltaba, acabar corriendo.

                                                Y esta es la historia de otro día estupendo por el que damos gracias a AEMET que cada vez lo hacen mejor.

 

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Otoño

La convocatoria tuvo poca respuesta, pero sí éxito. Dos dispuestos a pasar un buen día son inbatibles. La propuesta era la Senda Ecológica de Canencia; pero cual, la “normal” o la “alternativa”?. Quien nos conozca ya sabe la respuesta.

  Ayer llovió (parece que mañana también) así que hoy era el día, todo limpio y reluciente, el musgo pletórico, los abedules y los helechos cambiando de color, los acebos llenos de bolitas rojas y los pinos con ese color tan suyo que cuando están mojados resulta más cálido. Todo ello acariciado por unas nubes bajas que iban y venian abriendo y cerrando ventanas. Sólo faltaba el olor a setas.

                                            Por un precioso camino (habeís leído bien) llegamos a la Chorrera de Mojanavalle que de momento está en chorrito, después de pasar por el Abedular a donde llegamos por un pinar trufado de tejos. Continuamos hacia La Perdiguera pasando por el espléndido corral que está en las praderas por encima del Chorro. De ahí para arriba nada; La Najarra no se ve, La Perdiguera tampoco…..estamos bien, mira por donde el GPS sirvió para algo; en estas situaciones no tiene precio.

   Continuamos andando, el airecillo y la niebla húmeda no eran la mejor invitación para sentarse a comer. Salimos de la nube, charlando y disfrutando de las vistas nos acercamos al Puerto con intención de tomar el bocata allí, pero…..era tal el guirigay que espantados y casi a la carrera subimos hasta un sitio que acabábamos de pasar muy bonito y solitario.

           Día perfecto a pesar de todo.

 

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Fin de semana excepcional

Empezemos por contar que cuatro componentes de nuestro grupo habitual intermitente, se ha ido al Pirineo Aragonés en busca del Monte Perdido. Uno de esos que está en la agenda de todos pero que por una u otra razón va quedando pendiente. Por lo que cuentan se lo pasaron muy bien. Subieron por la Senda de Los Cazadores y la vuelta la hicieron por el Valle de Ordesa, se puede pedir más?. En el Goriz, petado como casi siempre, disfrutaron de una estupenda “suite” y con un día espléndido se fueron a la cumbre. Peeero lo mejoooor (siempre optimistas) es que de regreso a Torla se vieron detenidos bastante, bastante rato, por una manifestación de vacas que ocupaba de lado a lado la carretera.

 

Un capítulo más de la azarosa vida de los Denalianos, espectacular.

-oooooooooooooooooooo-

Por otra parte los de andar por casa, nos fuimos con la mente abierta. Nos acompañaban unas amigas que a lo mejor se unen al grupo, así que para no asustar aplicamos el “vamos viendo”. Seguimos en “veroño”, hacía calor que para subir cuestas no es lo ideal pero……

  Empezamos por subir a La Najarra desde el Puerto de La Morcuera (muy arregladito), saludando al mogollón de cabras que andaban por la zona más pedregosa que es lo suyo. Al llegar a la cumbre, fué gratificador ver que también nuestras invitadas se extasiaban con las vistas, desconocidas para ellas; el día ayudaba mucho. De allí pasando por el Refugio (bastante deteriorado) continuamos hasta Los Bailanderos, mientras una escaladora que nos acompañaba, se sorprendía de las estupendas (aunque pequeñas) vías que se pueden hacer en las mágnificas piedras de la vertiente sur. Tras un momento de duda continuamos hasta Asómate de Hoyos donde hicimos el alto para comer mientras disfrutábamos de la buena temperatura y el entorno.

   Para el regreso optamos por volver por el mismo camino hasta el Collado de la Najarra (el aire aventurero estaba bastante ausente) y de ahí al Puerto por el camino habitual, mientras las cabras nos vigilaban desde sus dominios.

        Buen día. A ver que nos depara el futuro.

 

 

 

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Unos por aquí, otros por allá

Las agendas personales (que bonito queda) han propiciado que unos tuviesen disponible el sábado y otros el domingo, así que vamos a ir por partes.

         EL SÁBADO unos cuantos se dieron cita para dar una vuelta por La Pedri. Subiendo del Tranco a La Dehesilla se encontraron a dos lidiando con El Tolmo. Pasaron por el Yelmo para volver al punto de partida. Dicho así parece poca cosa, pero puntúa doble porque por lo visto pasaron mucho calor y eso machaca mucho.

 

EL DOMINGO otros pocos fuimos de paseo por Cueva Valiente. Por casualidades de la vida los tres, de la misma ciudad, aprendices en su día de un cierto estilo de hacer montaña que se da en aquella esquina del mapa.

             El caso es que milagrosamente fuimos capaces de hacer enterito el tramo del GR88 desde S. Rafael al Collado del Hornillo, de Segovia a Ávila sin control. Continuamos subiendo por un sendero hacia un cerro lleno de trincheras, parando de vez en cuando en algún “balcón” observando y comentando lo que teníamos a la vista. Subiendo el último tramo paramos a charlar un rato con otros caminantes encontrados en La Bola la semana pasada. Por fin la cima, llena de colores; pocas veces hemos visto tanta gente por allí. Por cierto, algúnos cafres arrancaron la puerta metálica del refugio, la foto es del año pasado; mejor no hacer comentarios.

         En realidad nuestro objetivo era la propia cueva. Desde arriba no es fácil pero sí entretenido; así que por donde mejor pudimos y casi rodando llegamos al punto de acceso que cada vez está mas complicado. El matorral ha crecido y espesado mucho, da la impresión de que no se puede pasar peri sí. Estába preciosa y….sin mosquitos!!. Al rato un grupito que la andaba buscando precisó de nuestras indicaciones para llegar. Allí los dejamos después de darle las pertinentes instrucciones para llegar a la cima por un sendero como Dios manda, que lo hay.

   Bajamos al Peñoncillo, donde dimos buena cuenta de la pitanza charlando sobre nuestros lugares y amigos comunes, fué muy divertido. Continuamos en busca del camino que baja desde el Collado de La Gargantilla  y de paso, encaminamos a una pareja despistada hasta nuestro comedor, otra buena acción del día.  Ya entrando en S. Rafael y comentando la estética de los diferentes casoplones que nos íbamos encontrando, fuimos a aterrizar en una estupenda terraza para rematar.

   

Día perfecto, calor ni un poco.

 

 

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