Desde el Alto del León

Después de despertar de una pequeña siesta una tarde de verano, una de las cosas más agradable que puede hacerse es ir a dar un paseo por la sierra de Madrid/Castilla-León. En esta ocasión, toco ir a cenar a “Cabeza Lijar”. Una forma muy buena para airearse, ponerse en forma y poder seguir al sol en su puesta.

     Empezamos a caminar desde el Alto del León, en dirección a Peguerinos hasta cruzar el paso de canadiense/ganado, allí optamos por la senda que parte a mano derecha subiendo por un bosque de pinos, que abrazan y extienden sus ramas más a lo ancho que a lo largo. Es ascenso fue tranquilo, cuando llegamos al bunker lo pasamos de largo, y comenzamos el  descenso (aunque algún tropezón que otro sí que me llevé) hasta el Collado de la Gasca. Es en este Collado cuando comienza la ascensión hasta nuestro destino. Esta subida la hicimos de forma lenta, no por su pendiente, que no es excesiva, sino por sus vistas. Se puede contemplar ambas Comunidades Autónomas y ese día la luz era especial o eso nos pareció, quizás porque nuestra hora de subida no era la habitual, no era de mañana. El sol seguía alto y nosotras seguíamos tranquilas el ascenso disfrutando de la luz, el paisaje y la temperatura.

   Por fin llegamos a nuestro destino inicial. El día era claro y pudimos contemplar todas las montañas habidas a nuestro alrededor, incluso la Sierra de Gredos debido a la claridad de la tarde. Pero llegar Cabeza Lijar y darnos la vuelta no era lo más apropiado para esa tarde. Por ello decidimos continuar el sendero en dirección al siguiente collado, el de la Mina o la Cierva.  Cenamos tranquilamente, sentadas en la base del Cabeza Lijar disfrutando de la luz de ese día. Volvimos a nuestro destino desandando el camino andado, ya que nuestro objetivo principal era ir contemplando la puesta del sol, con sus tonos rojos y naranjas. Al llegar a la altura del viejo bunker subimos a él para contemplar como caía la luz en Madrid y se ponía el sol por Ávila.”                                 Pepa

        

 

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En busca del Rayo Verde

Después de unos días de respiro volvió el calor a Madrid, y en esos casos no hay nada mejor que subir a la Sierra para disfrutar del aire un poco más fresco. En algo menos  de media hora pasábamos de 32 grados en la meseta a 25 grados en el puerto de Navacerrada.¡ No estaba mal la temperatura para dar un paseo!. Y más un miércoles, con la sierra desierta.

       Eran las 7 de la tarde, y empezando agosto teníamos aún 2’5 horas de luz por delante, así que nos pusimos a andar. Siete Picos era el objetivo de los 5 que nos habíamos animado a esta salida vespertina. Fuimos andando y poco a poco pasaron los picos por delante, iluminados por una luz de tarde preciosa. En alguno de ellos al subirlo soplaba una suave brisa, incluso fresca, y hay quien sugirió abrigarse ¡Qué loco! Anduvimos casi dos horas y calculando próxima la puesta de sol dimos la vuelta antes del quinto pico, para volver y trepar  al más alto, donde está el punto geodésico, y sacar unas fotos.

  Bajamos del pico para cenar en su base, eran ya pasadas las 9 y hacia hasta frío asi que hasta nos  pusimos algo de abrigo. Mientras “cenábamos” uno nosotros se acordó del rayo verde. Estuvimos atentos al horizonte, por si acaso se dejaba ver. Leyenda urbana, efecto óptico… Viendo lo rápido que se ponía el sol alguien dijo ¿Habéis visto lo rápido que nos movemos? Certeza absoluta. Pensamientos  científicos  en un atardecer  de verano…

  Pronto el sol se había puesto, cerramos mochilas y empezamos a andar de vuelta al coche. No hizo casi falta el frontal, salvo el la zona de bosque; la luna aunque a medias iluminaba suavemente. Y poco antes de las 11 estábamos de nuevo en el párking.¡Vuelta a la realidad!

            

Carlota

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Integral de La Pedriza – Versión Denali

Hace tiempo que esta ruta estaba entre las pendientes para muchos del grupo, en más de una ocasión nos habíamos planteado abordarla. A pesar de la baja de una de las piezas claves del Denali, parece que su espíritu y su entusiasmo por la montaña nos empujaron a preparar la ruta.

       La fecha elegida fue el 10 de junio, por mayor disponibilidad de la mayoría. Aunque es recomendable hacerla con horas de luz, y evitar épocas de heladas por los tramos difíciles, coincidió ser uno de los días más calurosos, lo que añadía el extra de dureza a la ruta. En la semana anterior los días fueron agitados; consulta de mapas, de tracks, y de preparación de cada uno de nosotros respecto a la exigencia de la ruta….., pero sobre todo estábamos motivados y emocionados, lo que se palpaba en los mensajes de esos días y siempre con el ojo vigilante de nuestro Ángel de la Guarda (Ana) que además nos facilitó datos, ruta, GPS, consejos, etc. para el recorrido.

                                               Iniciamos la ruta a las 8 de la mañana desde el parking de Canto Cochino (con ya 20 grados de temperatura). El recorrido se inicia cruzando el rio, y tomando el camino de la izquierda que nos conduce al Cancho de los Muertos, siguiendo el PR-M1, bastante señalizado. Empieza por una zona arbolada de pinos, y va ascendiendo poco a poco, ganando altura y continuando por una zona más pedregosa, desde donde empieza a divisarse el paisaje. Hasta el Cancho de los Muertos (primer punto emblemático del recorrido) tardamos aproximadamente una hora. Desde ahí, siempre ascendiendo, en ocasiones, en caos de bloques, llegamos a Collado Cabrón, cruce de caminos de varias rutas, y punto de acceso a la parte posterior de la Pedriza. Continuando hacia el noroeste, y cada vez con más desnivel, llegamos hasta El Pajarito, la Vela y la Campana, conjunto de riscos de formas espectaculares que nos deja boquiabiertos y donde abundan los robles, en contraste con los pinos de la parte inicial. Es aquí donde empezamos a sentir la grandeza de la Pedriza, el hechizo, alejados de las aglomeraciones de los puntos más accesibles desde Canto Cochino y el Tranco.

                                       Después de esta zona, dejando El Pajarito, el sendero se encajona en una canal o corredor por la que tenemos que ir ascendiendo buscando los pasos. Se agradece la sombra y, aunque la dificultad de la ruta nos ralentiza, se hace mucho más entretenida. Durante la parte del trayecto hemos encontrado a otros grupos que también realizan la ruta, pero en esta parte estamos completamente solos, lo que suma encanto al lugar.

      La ascensión continua, siendo la zona más exigente a nivel técnico, hasta llegar al Cancho Centeno, Tres Cestos  y las Milaneras, con incluso algún paso provisto de cadena en los que nos tenemos que ayudar. Siguiendo la señalización llegamos al Collado Miradero a 1885m. Desde el Collado Cabrón al collado Miradero el desnivel es de 540 m a través de senderos intrincados que nos lleva unas 2h 30min-3h. Durante todo el trayecto hemos llevado un ritmo sostenido, y tras unas horas acumuladas de caminata  es necesario bajar el ritmo para recuperar fuerzas. El trayecto desde el Collado Miradero (1885m) hasta las Torres (2042) es bastante cómodo, siguiendo la ladera con vistas espectaculares al Circo Posterior de la Pedriza. Cada uno continuamos a nuestro ritmo, disfrutando de la grandeza del paisaje y encontrando de nuevo grupos de gente. Es en el Collado Miradero donde existe posibilidad de retornar y enganchar con el sendero que lleva al refugio de Giner de los Ríos.

                                            En las Torres hacemos una parada de avituallamiento (son sobre las 12:20) y la primera foto DENALI del recorrido, tras llegar al punto más alto de la Integral de la Pedriza. Tras un breve descanso retomamos el camino, aunque aquí, con la parada, nos desorientamos algo y perdemos las señales que nos cuesta volver a encontrar, pero con la documentación y las descripciones conseguimos retomar el sendero adecuado.

  Abandonamos las Torres a través de un paso, dejando la cuarta Torre a la derecha, y el risco de la mano de dios a la izquierda (aunque no somos capaces de reconocerlo muy bien). Conseguimos encontrar de nuevo las marcas e iniciamos una ligera bajada por una canal que acaba en un sendero más señalizado, donde encontramos gente que está haciendo la ruta inversa y nos indica la dirección a seguir hasta la siguiente etapa: el Collado de la Ventana. Aquí es importante seguir la señalización del PR-M1 (blanco y amarillo) ya que es una zona fácil donde despistarse y terminar “enriscado”. El camino va perdiendo altura, en ocasiones en zonas de bloques, con formas increíbles. Aún hay un trecho hasta llegar al Collado de la Ventana, lo que es objeto de risa bromeando sobre la existencia del mismo, ya que llevamos horas pensando en encontrarlo pero nunca llega. En esta parte el sendero hace giros, que si no fuera por las marcas te haría dudar de la dirección a seguir.

                                     Durante el recorrido hemos tenido encuentros con cabras pero aquí las tenemos prácticamente en frente, y más que asustarse, se muestran curiosas, aunque siempre guardando las distancias. También encontramos buitres leonados en todo el recorrido, que aunque habituales, nunca dejan de fascinar por su majestuosidad. Y por supuesto muchos reptiles, alguna culebra y lagartijas en cada roca.

  Después de unos cuantos pasos (unos cuantos más) y ya pensando más en el estómago que en la ruta, llegamos al Collado de la Ventana (1780 m). Uno de los puntos más alejados de la Pedriza y, para mí, bastante mágico y especial, que hacía años que no visitaba y que, ahora me confirmaba porque tenía tantas ganas de hacer esta ruta: visitar estos lugares perdidos y especiales donde uno se da cuenta lo afortunado que es sólo por estar ahí. Sin duda, por el enclave y la hora (14:30h) es el momento de la parada para comer, reponer fuerzas y quitar peso a la mochila, y coger fuerzas para la bajada. En esta ruta es también critíca el agua, ya que no hay en todo el recorrido, al menos en la primera parte y por la exigencia de la ruta y el calor es necesario llevar bastante (en mi caso 4 litros  que no me sobrarían del todo, pero mínimo 3).

                                                 Tras un breve descanso, aunque quisiéramos quedarnos una vida, continuamos, ya que se inicia la bajada hasta el Collado de la Dehesilla, punto clave y de inflexión de la ruta. El descenso es bastante marcado y abrupto, ya que en poca distancia tenemos que perder altura desde los 1780 del Collado de la Ventana a los 1451 del Collado de la Dehesilla. Hay que prestar atención y no perder las señales. La primera parte, más o menos hasta la pared de Santillana, es un recorrido de pases, incluidos cruces por debajo de rocas donde es necesario quitarse la mochila para poder pasar. Todas las formas típicas de la Pedriza se suceden (lanchares, domos, berrocales, etc.). Ya a partir de la pared de Santillana el descenso se hace más abrupto entre la vegetación. El calor y las horas se acumulan y es necesario parar para recuperar las fuerzas que parece que abandonan, a pocos metros del Collado de la Dehesilla, y casi a las 16:30 por lo que el descenso ha llevado bastante tiempo y los pies también se resienten.

 

Llegamos al Collado de la Dehesilla sobre las 17:15 y parte del grupo decide volver hacia Canto Cochino, trayecto nada despreciable con el cansancio acumulado. Y al final el cuerpo manda y los buenos montañeros son los que saben medir sus fuerzas y regresar sin problemas. La montaña siempre estará ahí y estos momentos también nos demuestran el respeto que tenemos que tenerle. En otros casos serían las responsabilidades las que nos hacen acortar la ruta para estar pronto en casa. A las 17:30, los dos grupos separan su camino. Unos tardarían 1 h en llegar a Canto Cochino vía Tolmo y Refugio Giner. Tres decidimos continuar. Aunque aún queda una buena subida, y al menos dos horas más, nos anima el hecho de pensar que lo más duro ya está superado. Estamos animados y continuamos, paro algunos será incluso la primera vez que recorre esta zona.

   Desde el Collado de la Dehesilla cogemos el camino, bastante marcado, que sale a la derecha mirando hacia el exterior de la Pedriza (con el camino hacia el Tolmo a nuestras espaldas). Al principio comienza suave pero enseguida coge pendiente e incluso hay un tramo de roca a salvar que en invierno puede presentar hielo. Se sigue ascendiendo hasta el Risco del Acebo a una especie de collado, perdiendo de vista el Collado de la Dehesilla. Un poco más adelante salen dos caminos, a la derecha el que lleva a la base del Yelmo, el de la izquierda es la continuación del PR-PM1, que seguimos por la inercia de toda la ruta. Llevamos un ritmo bastante mantenido y aunque la idea era pasar por el Yelmo, cuando nos paramos para consultar la ruta pensada (aunque hay bastantes variantes) ya estamos bastante encauzados en la Senda Maeso (en la misma PR-PM1) y decidimos continuar. No defrauda, porque además es una ruta poca habitual en nuestras salidas, ya que generalmente solemos llegar al Yelmo. Además, conforme al mapa, es una ruta más amplía que rodea más zona de la Pedriza, tal y como se entiende en la filosofía de “Integral”. Sorteamos riscos y pasamos por enclaves como la Cueva de Chanan y una especie de ventana con vistas al pantano de Santillana.  En este tramo el sol nos pega de lleno pero el descenso es entretenido y también hay que estar atento, hasta la llegada a la Gran Cañada.

                                     Llegados a la Gran Cañada el terreno se suaviza, y es aquí donde debemos abandonar el PR-PM1 (señal blanco-amarilla) que continua hasta Manzanares El Real, y coger el GR-1 (señales blanco-rojo) que nos llevará hasta Canto Cochino. Desde aquí el terreno es conocido, tantas veces como hemos bajado por este sendero, pero ya hacía tiempo. Todo es recordar las distintas formaciones que vamos encontrando y reconocer a lo lejos el Cancho de los Brezos, el Pájaro y las vistas hacia Canto Cochino, viendo la meta cada vez más cercana.

  Acabamos el descenso sobre las 19:25 (19:30 en el parking) agotados, pero felices y contentos por haber completado la ruta. En el bar de Canto Cochino nos esperan nuestros compañeros y unas buenas cervezas. Todos comentamos la dureza de la ruta, y el calor, pero lo completa y bonita de la Integral, y que sin duda habrá que repetir.

           Y aquí se completa un objetivo más, recorrer una de las variantes de la Integral de la Pedriza, y además, hacerlo en la mejor de las compañías: Pepa, Alfredo, Araceli, Lourdes, Elena y Javi. Gracias por compartir esta ruta. Para mí sin duda era especial. Tres días después aún me dura la sonrisa.                        Ruth

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Tiempo tormentoso

La primera semana de Junio el tiempo estaba verdaderamente revuelto. Teníamos un plan, pero visto el horizonte decidimos cambiar de aires.                                                                          El plan B nos llevó a S. Rafael. La idea era desde allí subir a Cueva Valiente para, pasando por La Salamanca llegar al Pto. del León donde habíamos dejado un coche. Empezamos bien, atentos a los posibles cambios de tiempo, la emprendimos por el primer camino que nos vino al paso. Casi en linea recta y sin resuello llegamos a la cima. El cielo empezaba a cambiar, las nubes cada vez se juntaban mas.                                       Llegando al Collado del Hornillo, camino de La Salamanca, empezo a diluviar por lo que pensamos que en vez de estar un par de horas a remojo, con una era suficiente, así que desde allí mismo bajamos a S. Rafael.

   Una retirada a tiempo……

 

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Entre Mar y Montaña

Por fin llegó el tan esperado fin de semana: la conquista del Puig Campana (Finestrat-Alicante). Tal y como estaba previsto, a excepción de grandes bajas de última hora que sentimos de corazón, llegamos el viernes por la tarde a nuestro punto de encuentro, Finestrat. Esa misma tarde –noche,  una vez instalados en los apartamentos, durante la exquisita cena que compartimos todos, estudiamos la ruta que nos esperaba al día siguiente: la imponente cima del Puig Campana, el segundo pico más alto de la provincia de Alicante con una altura de  1.408m.

  Amaneció una mañana soleada pero con una temperatura agradable porque  afortunadamente bajaron unos grados y, nos permitió tener una jornada en muchos momentos fresca. Nos dirigimos a la Font de Molí, el punto de inicio donde aprovechamos para informarnos y recoger mapas en un puesto de información de turismo.

           En poco más de 10 min, llegamos al collado de Pouet , donde ya nos dirigimos por el camino señalizado hacia nuestro objetivo: la cima del Puig Campana. Nos encontramos algunos tramos, en su ascensión, de moderada dificultad, sobre todo por la pedrera del camino ascendente, que te obligaba a estar atento en cada pisada. El ruta estaba muy bien señalizada y nos permitió no confundirnos.

        Cerca de los últimos 900m para la cima, disfrutamos de un momento increíble, al encontrarnos con unas vistas impresionantes viendo el mar y la costa de Benidorm, realmente espectacular. Siguiendo el camino marcado del PR y el mar como testigo, ascendimos hasta la cima: Prueba conseguida!!.

        Prácticamente, nos costó casi 4 horas y en poca distancia, hicimos un desnivel de casi 1.400m. El esfuerzo valió la pena y desde ahí, pudimos contemplar las impresionantes vistas del Mar Mediterráneo  y a nuestra izquierda el Peñón de Ifach de Calpe. Aprovechamos para comer y poder disfrutar de la belleza del momento: ENTRE MAR Y MONTAÑA. Con las pilas cargadas, retomamos el camino de bajada. Tuvimos dudas sobre la dirección del sendero pero los más aventajados del grupo con la orientación más acertada nos guiaron sin ningún problema. Aprovechamos y nos desviamos unos metros para conocer la Pou de Neu del siglo XVIII, unos pozo que antaño de aprovechaban para almacenar nieve.

    Atravesamos la Fuente de Solsida y, en la medida que avanzamos, las  vistas de Benidorm eran más cercanas en el horizonte y, la llegada estaba mas cerca. Continuamos por el camino marcado, que por momentos se nos hizo pesado, por el calor que estaba haciendo y el cansancio ya acumulado. Al cabo de unas horas, alcanzamos la Font del Moli y la pista asfaltaba. Ya nos encontramos a escasos 2km para llegar a casa.  Al final, resultó una ruta de 9 horas que nos cautivó a todos, superamos un nuevo reto y disfrutamos de una jornada inolvidable y cosechamos un NUEVO ÉXITO DEL DENALI. Al llegar al apartamento,  nos tomamos nuestro tiempo para reposar el cansancio que, por supuesto, pesaba en nuestras botas y piernas. Hasta que bien entrada la tarde, dimos una vuelta por el pueblo y sus callejuelas y, finalmente aprovechar para cenar y comentar la ruta preparada para el día siguiente.                                                                                                                                                                                                                            SELLA

El domingo, a primera hora, recogimos y, nos dirigimos a Sella, a unos 12 km de Finestrat. Dejamos los coches en el parking del pueblo y fuimos en busca del sendero para hacer la Ruta del Agua. Después de andar por pista alfastada y, alejarnos cada vez más del pueblo, fuimos por el sendero marcado. Atravesamos la Font de L’alcantara, una fuente con agua abundante y clara  y, siguiendo una pista muy estrecha, llegamos al Moli d’Alvaro. Durante el paseo, nos cruzábamos con caminantes como nosotros que, estaban disfrutando de la zona tranquilamente. Finalmente llegamos al Paraje del Salt hasta encontrarnos de nuevo con la carretera de Sella.

           Fué una mañana tranquila de paseo que nos permitió relajarnos y coger apetito para comer. Aprovechamos para conocer el centro del Pueblo y tomarnos unas cervezas en la Plaza Mayor. Se hizo la hora de comer y acudimos al Bar María. Se había levantado algo de aire y refrescaba, por lo que nos abrigamos para poder disfrutar de la comida en la terraza tan fantástica de Maria, con vistas al pueblo, a la montaña y a los nísperos de la zona.           Comimos estupendamente, como plato estrella, la paella Alicantina con garbanzos y pimiento rojo ,y de poste el flan casero de turrón, que no dejó indiferente a nadie.                  Encantados del fin de semana tan bonito y disfrutón, nos despedimos y dejamos sellado en Sella, que cada año habrá un evento anual para disfrutar de rutas entre Mar i Montanya.

                                               Quería aprovechar esta crónica, para en primer lugar dedicársela a Ana, que no pudo venir a última hora y, que estuvo presente en todo momento con nosotros y sin dejar de transmitirnos cariño y consejos y, en segundo lugar, agradecer a la gran familia que forma el Club Denali con la gran acogida que desde el primer día tuvieron conmigo y que me ha permitido conocer parte de la Sierra de Madrid y alrededores y experimentar y compartir tantos éxitos del Denali.                           Mar

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La Parra

Encima del Tiemblo, está este fantástico mirador que pertenece al Valle de Iruelas.                           Nosotros accedimos desde la carretera que sube al Castañar del Tiemblo. Aparcamos al lado de una enorme piedra situada en una pronunciada curva que señala el límite de la Reserva y empezamos la subida entre pinos, serbales, mostajos, genistas, robles, algún castaños, matorrales varios……. Ibamos subiendo charlando como de costumbre (cuesta arriba, !que manía¡) cuando un jardín de peonías nos hizo enmudecer, estaban espléndidas unas abiertas y otras a punto de hacerlo. No mucho después salimos del pinar para acceder a la cumbre trepando un par de piedras, no porque hiciera falta sólo por enredar.

       Allí estuvimos un buen rato observando los valles que nos flanquaban y todas las sierras de  alrededor: Guadarrama, Paramera, Gredos… Continuamos en dirección S. con un “hasta donde nos parezca” por el panorámico cordal. En el Llano de Cuatro Manos vimos lo menos una veitena de buitres posados en el suelo, cuando levantaron el vuelos fué espectacular; antes habíamos visto un par de águilas reales que sabemos anidan por allí. Subimos al Cerro de la Encinilla y con el “ya que estamos” bajamos al Pozo de la Nieve. En la pradera que allí hay había un grupo de vacas tumbadas al sol con sus terneros viendo la vida pasar plácidamente. En una soleadas piedras nos sentamos a comer admirando las vistas, pero a medio bocata nos tuvimos que parapetar porque se levantó un aire serrano bastante impertinente.                                                                                                                                                       Al rato emprendimos la bajada por el camino que pasa al lado de un bonito y bien conservado corral cerca de un bosquete de alisos. Tambien pasamos por un abrevadero y más tarde por la fuente de Cerecedas ya en medio del pinar. Bebimos un poco de su rica agua y de ahí al coche con calma que la cosa no estaba para prisas.

     Sin duda fué una excursión inolvidable.

 

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El Pasapán

No terminamos de acostumbrarnos, ni nos parece bien, tener que pagar para andar por la montaña; cumplido el requisito entramos en el Valle del Rio Moros.

        El bosque estaba todavía húmedo de las últimas lluvias, el suelo muy verde y el sol colandose entre las ramas de los árboles, el día prometía. Empezamos a andar con un fresquito que no nos duró mucho. Los primeros metros cuesta arriba a pesar de ir entre pinos, nos invitaron a deshacernos de las chaquetas. Ya “reajustados” continuamos subiendo por el GR-88 convertido en verde alfombra. Llegados al Alto del Casetón tuvimos a la vista una prespectiva de la Sierra diferente a la que estamos acostumbrados.  Además gracias a la buena visibilidad se veían perfectamente las sierras del Oeste, Gredos incluido; verdaderamente espectacular. Poco después llegamos al Puerto de Pasapán desde donde subiendo un poco más nos plantamos en el pico del mismo nombre, donde nos alcanzó una numerosa excursión.

       El siguiente objetivo era el Embalse del Tejo al que llegamos pasando por el Cerro Pajoso, mirador más modesto que el anterior pero nada despreciable. A partir de ahí volvimos a internarnos en el pinar siguiendo un camino, que figuraba en el mapa y que como otras veces desaparecía a ratos pero finalmente nos llevó a los pasos convenientes de una valla que nos topamos. Llegamos al embalse bien pasada la hora de comer, donde había un solitario pescador (tampoco entendemos muy bien la pesca sin muerte). Preguntado si le molestaba nuestra presencia para su faena respondió que no, así que nos sentamos a comer en una pequeña pradera al sol, al lado del agua con una temperatura de lo más agradable. ¡¡¡Hay que ver que comedores más chulos nos procuramos!!!. No enredamos mucho porque aún quedaba bajar el Valle por la aburrida pista asfaltada más o menos paralela al río, con poca agua por cierto. Hay otra alternativa, pero no era el día.

  Vamos a ahorrar pra volver Valle del Río Moros.

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Sierra de La Puebla

Para rematar el puente de Mayo, nos hemos ido a la Sierra de La Puebla. Era el día ideal para subir a la Peña de La Cabra, mirador espléndido donde los haya. Más fresco de lo que pensábamos por culpa de unas finas nubes altas y un airecillo de esos que cortan el cutis que al menos propiciaba una buena visibilidad. Elegimos la ruta más corta porque queríamos hacer también un poco de turismo rural.

        Desde el Pto. de La Puebla, subimos tranquilamente, por el Cerro Portezuela. Una vez rebasadas las antenas, ya entramos en el típico entorno de toda esa sierra. Praderas con curiosos afloramientos de piedras afiladas como cuchillos, matorral, más piedras, de colores animados por pequeños destellos de mica que brillaba con aquel sol velado y….. los hitos tan carácterísticos de aquella zona. Es un paisaje un poco duro, bastante solitario en el que predominan el verde y el gris, con alguna nota de color que le dan las flores en primavera. A pesar de eso ó quizá por eso nos encanta. Después de un buen rato disfrutando de las vistas y el silencio en la cumbre regresamos.

    Si la subida hasta el puerto es entretenida, la bajada puede ser muy emocionante, espectaculares las dos, eso sí. Es una carreterita rally, de esas que también le gustan a los moteros, con algunas curvas bien cerradas. Ya en Puebla de La Sierra degustamos el bocata y después dimos una vuelta viendo buena parte de la exposición de esculturas que tienen repartidas por el pueblo y los alrededores.

     El viaje es un poco largo pero vale mucho la pena, los pueblos de aquella zona aún conservan su identidad.

    Es La Sierra del Rincón.

 

 

 

 

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El puente de Mayo

La previsión meteorológica para el princio del puente, era más bién mala; a pesar de ello y llevados por el optimismo habitual, quedamos para dar una vuelta el sábado por donde cuadrase. El día estaba gris, según por donde negro. Subiendo el Pto de Galapagar, llovía con ganas, en el de La Cruz Verde además había niebla, el de La Paradilla peor. El pico San Benito (nuestra primera opción) ni se veía. Pensamos que la Cascada del Hornillo podía valer, tampoco, una espesa niebla estaba metida en la vaguada.

  Una vuelta por los pinares de Peguerinos fué la solución. Aún llovía algo cuando empezamos a andar pero poco a poco paró. Llegamos a lo que queda del refugio del Valle de Enmedio y tras hacerle una foto y lamentar su estado, continuamos subiendo hasta que entramos en la niebla. Charlando, charlando cuando nos dimos cuenta, estábamos subiendo más de la cuenta metiéndonos en una niebla muy espesa, así que cambiamos el rumbo en dirección a las Lagunillas, que no encontramos dicho sea de paso.

        No había mucha visibilidad por lo que el recorrido era una continua sorpresa: de pronto aparecián entre la niebla praderas de un verde rabioso, piedras impresionantes con un musgo pletórico ó arbolitos aventureros, dos corzos corriendo….. Hubo un momento que se abrió una pequeña ventana y hasta vimos un trocito de cielo. Poco duró, rápidamente se cerró y empezó a correr un aire frío, por lo que pensamos en ir volviendo que el día no estaba para pararse a comer por allí, el ambiente estaba muy húmedo.

   Aún nos esperaban un par de sorpresas mientras bajábamos. En el embalse de Cañada Mojada mientras contemplábamos un petirrojo, apareció de pronto una cigüeña negra (muy raras de ver) que nos obsequió con una majestuosa pasada sobre el agua. En la pista había unas manchas que parecían de aceite, pero miradas con atención, eran un bullir de miles de diminutos bichillos negros; algún insecto pensamos, pero la verdad es que no tenemos ni idea.

   Volviendo a casa empezaba a llover otra vez, pero el estupendo paseo ya era nuestro para siempre.

 

 

 

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Pedriceando

No solemos frecuentar mucho La Pedriza, y la verdad es que es un lugar incomparable,  lleno de sorpresas de todo tipo. Te puedes encontrar “enriscado”,  gateando, descolgándote de una rama cual Tarzán o dando saltos inverosímiles…..muy, muy entretenido.

  Entramos desde El Tranco y subimos casi sólos al lado del Manzanares que aún baja espléndido y continuamos hasta el Giner evitando “la autopista”. A partir de ahí ya empezamos a encontrar más gente. Pasamos por el Tolmo, contemplamos El Hueso y llegamos al collado de La Dehesilla.

     Sin parar seguimos por el camino de “los abismos” (cosas nuestras), hasta llegar a tener el Yelmo a la vista. Pasmados quedamos viendo el mogollón de gente que había en la zona de la chimenea, lo que nos indujo a pasar de subirlo. Bajamos a La Pradera y casi entramos en shock, !!no había nadie, nadie, ni los caballos!!, pero ni en el Rompeolas. Sólo dos cordadas en la parte más occidental del Yelmo. En el crudo invierno suele ocurrir, pero en un día soleado…..Repuestos del soponcio disfutamos de la soledad, fué estupendo. Buscamos un buen mirador donde sentarnos a comer y ¿como no?, el sol se tapó un poco, pero así todo se estaba la mar de bien.

      Ya bajando entre charlas y chascarrillos volvió a salir la vieja idea de hacer “la integral”, aplazada varias veces por motivos varios. A ver si de este año no pasa, que nos vamos haciendo mayores.

      En cualquier caso, hay que volver más a menudo por “La Pedri”.

 

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