La Najarra

Sorteando las nevadas, chaparrones, granizadas rayos y truenos con los que nos ha obsequiado la primavera, nos acercamos al verano. Ha venido muy bien, porque el agua baja con fuerza por los arroyos y aún quedan unos cuantos neveros que, hace mucho tiempo no veíamos a estas alturas del año.

           Con el gorro, los guantes y el chubasquero bien guardados en la mochila, que nunca se sabe, llegamos al Pto. de La Morcuera donde nos encontramos con unos amigos dispuestos a compartir el día con nosotros. Cuando propusimos la ruta nos miraron como si estuviesemos locos, eso de bajar para luego subir…..,bueno uno decidió subir directamente a La Najarra y esperarnos allí. Sin más preámbulos el resto nos fuimos en busca de un camino que sube, en casi linea recta, hasta la cumbre.

   Bajamos los algo más de 200m que tocaban, por el ancho y estupendo camino que, entre pinos y arroyos  sobre el suelo cubierto de hierba brillante, va a Miraflores pasando por Monte Aguirre. Todo el mundo encantado sin acordarse que luego tocaba subir. Llegamos al inicio de la llamada Senda de Santé, que desde el principio deja claro que poco respiro va a haber; menos mal que seguíamos a la sombra!.

                           Alguna parada hicimos para ver el paisaje (realmente recuperar el resuello), hasta llegar al collado del Cuatro Calles, pequeña tregua antes de acometer la última subida por un serpenteante y entretenido sendero entre piedras. En el bosque vimos un enorme boletus y en el collado nos encontramos con las genistas que empiezan a florecer tiñéndolo todo de amarillo; también un par de arbolillos que no supieron crecer para arriba, que es lo que les toca, contemplaban el entorno asomando desde una enorme piedra.

           En la cima nos encontramos con el que había subido por el camino más corto y tras las fotos de rigor nos dispusimos a comer en animada charla bajo un sol aún amable, gracias al airecillo que por allí andaba.

   Reanudamos la marcha en dirección al refugito que medio hay (la otra mitad se ha caído) en el camino de bajada al collado de ruta a Los Bailanderos. Y ya desde allí volvimos tranquilamente hasta el Puerto, dándole vueltas a una idea que nos ronda.                     Hasta la próxima!!!

 

 

 

 

 

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Mar y Montaña 2018

En nuestra segunda salida “Entre Mar y Montaña” coronamos el tan famoso y conocido Montgó. De hecho tiene distintas alternativas para llegar a él. Entre todos, la noche del viernes cuando nos re-encontramos todos en la casa rural Ca-alzina ( Benimeli –Alicante) lo decidimos: Subir al Montgó desde Denia por la Cova de L’Aigua. Ruta circular con un desnivel de 820m. No madrugamos demasiado y partimos con el coche ilusionados hacia el Parque Natural del Montgó. El día estaba nublado, por lo que nos permitió disfrutar del camino, eso sí, sufrimos un poco de humedad nos hizo enseguida al llegar a la Cova de L’Aigua hidratarnos para recuperarnos.

    

Tras visitar la Cova, recuperamos el sendero dirección a la Penya de L’Aguila. Alex y Xavi se pusieron a la cabeza. Disfrutamos de las vistas del puerto de Denia y sin darnos cuenta íbamos cogiendo altura hasta llegar a la Creu de Denia (694m). Desde este punto, puedes llegar a ver Ibiza un día despejado pero en nuestro caso, no pudo ser así, más bien todo lo contrario, justo nos encontramos en medio de una niebla densa que nos impedía ver mucho más allá.

                                           Aprovechamos para comer algún fruto seco y beber y en unos minutos tras despejarse un poco el cielo, emprendimos la marcha cresteando para llegar a la cima del Montgó, opción más atrevida que volver al sendero. Y por fin coronamos el Montgó (752m). La vuelta, se nos hizo un poco larga, eso sí, el sol a nuestras espaldas nos obligó a ponernos protección solar. Al final, unas 7 horas de ruta circular y un desnivel de 820m. Con el objetivo cumplido, y como estaba planeado, nos fuimos hacia la playa de Javea para encontrarnos con Yolanda y Lola y las peques Mar y Candela, que pasaron el día difrutando del mar y cómo no, nosotros darnos un baño. Un día inmejorable que disfrutamos todos peques y mayores y que, como colofón, degustamos una horchata granizada en el mismo paseo marítimo. Pero el tiempo apremiaba, y por la noche jugaba el Madrid la final de la Champions y, Alex estaba ya nervioso por llegar a la casa y poder sentarse enfrente del televisor y ver el partido con su coca cola. Y finalmente todo salió rodado para todos. Un nuevo éxito del Denali, una jornada estupenda  “Entre Mar y Montaña”.

  Guadalest: El domingo, cuando recogimos la casa, nos dirigimos hacia Guadalest. Un pueblecito muy pintoresco, con las calles empedradas con su castillo de testigo y un pantano que lo rodea de agua azul celeste que no deja indiferente. Estuvimos callejeando y, finalmente Ruth, Xavi y Jaime se animaron a visitar el interior del Castillo. Y como no podía ser de otra manera, y porque ya es un clásico acabamos comiendo paella de pollo y conejo para finalizar un finde inolvidable. Hasta la próxima tercera salida, que ya os adelantamos será en la Sierra de Bernia.                      Mar.

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Paseillo

Esta es una breve crónica de lo que pudo ser y no fué. Madrugamos para ir a dar una vuelta mañanera por Siete Picos. Subiendo por la carretera ya vimos que no pintaba bien pero continuamos hasta el Puerto de Navacerrada para dar la vuelta que no era cosa de hacer una pirula; no sólo había niebla, llovía.

  Saliendo de la nube echamos un vistazo y comprobamos que hasta Las Machotas se cubrieron entre que subimos y bajamos. Pero como siempre hay remedio para todo, nos fuimos a dar una vuelta por el Bosque de La Herrería a ver que nos daba de sí. Impresionante; los robles y los castaños con sus hojas nuevas, flores por todos lados, las piedras cubiertas de verde y brillante musgo rebosante de agua, los pájaros cantando como locos y las vacas viendo la vida pasar mientras cuidaban de sus curiosas crías. En el collado de Las Machotas, topamos con la nube así que a bajar por aquí y por allá por aquello de no hacer el mismo camino.

                           Subian otras gentes, unos como nosotros (montañeros rebotados)  y otros paseantes ocasionales. A tan aguda conclusión llegamos observando las vestimentas.

 

 

 

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Aniversario

Nos planteamos celebrar el 30 aniversario de nuestro club como debe ser, paseito mañanero y comida al aire libre, cada uno la suya, el Denali aportaba el postre. Se decidió la fecha del 40 de Mayo por dos razones: aún no empezaría la desbandada de las vacaciones y además podríamos ir sin sayo según el refranero español. Bien pensado estaba, pero los imprevistos de última hora nos dejaron en cuadro, y además de sayo hubimos de llevar chubasqueros y paraguas por si acaso, ay esto ya no es lo que era!!.

       El día se levantó con un aspecto que habría desanimado a más de uno, pero esto es el Denali y aquí no se achica nadie, así que carretera y manta. Hasta llegar a Cotos pintaba fatal, pero el Valle de Lozoya se veía bastante soleado. Las nubes retenidas en las cumbres dejaban ver en su vaivén losnumerosos neveros que aún quedan. Llegamos al Mirador de Los Robledos, que sería nuestro comedor y a donde llegarían mas tarde los que subían sólo a comer, con la delicada encomienda de llegar con el postre intacto.

    Con los dedos cruzados nos pusimos en marcha bajo el tibio sol en busca del Camino Viejo del Paular. El ruido del Arroyo de La Umbría, que apenas dejaba oir el canto de los pájaros y los rayos de sol que se colaban entre las ramas del bosque rabiosamente verde, nos pusieron en un estado, que casi sin darnos cuenta subimos el cuestón hasta la Sillada de Garcisancho, no sin parar antes en una preciosa poza donde cantaban alegremente las ranas. Estaba espectacular el amplio collado, verde y salpicado de flores.

     Entretanto las nubes iban y venían tapando y despejando cumbres pero aún teníamos “ventana”.  A partir de ahí el camino se torna en un entretenido y amable sube y baja que, entre pinos y verdes praderas, llega hasta Cabeza Mediana. Además de hacer unas cuantas fotos observamos atentamente la dirección de las nubes que cada vez más negras se iban juntando y dejando la ventana en ventanuco . Con un “a ver si aguanta” bajamos a encontrarnos con el resto, no sin antes parar en otra bonita poza sin nombre que por allí anda.

        A las dos en punto (que precisión) tal como habíamos quedado, llegamos unos y otros al Mirador, comedor bonito donde los haya. Como era un día especial, además del consabido bocata salieron de algunas mochilas taquitos de queso, lomo, jamón, frambuesas… hasta una botella de buen vino, para que luego digan. Llegó la hora del postre, llenos de emoción y con temblorosa mano, destapamos la enorme y apetitosa tarta que habíamos encargado. Estaba intacta, lo que con tanta curva no deja de tener su mérito. Tras apagar las velas, acordamos por unanimidad tomar ración doble, como acto de solidaridad con los que no pudieron venir, mientras compungidos leíamos sus mensajes. A pesar de tamaño esfuerzo, sobró un buen trozo que ofrecimos a los bomberos del retén que allí hay, que aceptaron entre sorprendidos y divertidos.

          No llovió, lo pasamos estupendamente y nos fuimos a tomar un café dispuestos a seguir cumpliendo años andando por caminos y vericuetos .

 

 

 

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Junio

Habíamos acordado ir al Pto de Canencia, Chorrera de Mojanavalle, Perdiguera…., lo que el día diera de sí. Del grupo inicial, quedamos dos y una aspirante.

      Salimos con lluvia, llegamos a Miraflores con lluvia, el Pto de Canencia además con niebla, podía ser peor. La aspirante (si lees esto va con cariño) no se achicó ante el panorama. Con decisión bajamos del coche y mientras nos pertrechabamos para la lluvia, llegó el peor, la niebla espesó tanto que no veíamos más allá de nuestras narices. “Ni La Chorrera vamos a ver, y si vamos al de Navafría que está más bajo?, por lo menos no habrá niebla”. Tal cual estábamos al coche y para abajo. Cuando salimos de la nube no hizo falta decir ni pensar nada, solo aprovechar un día que de momento pintaba bien.

                           Tras pagar la entrada (5€ desde S. Isidro hasta fin Septiembre), llegamos al aparcamiento en medio de un verde lujurioso y los rayos de sol que se colaban entre los pinos. El Chorro está espectacular. En sus inmediaciones nos sacamos todos los pertrechos para la lluvia; entre el solcito y las escaleras del mirador estábamos a punto de ebullición.

       Viendo unas amenazadoras nubes sobre la meseta segovina, calculamos que aún teníamos algunas horas de cuartelillo, así que subimos hasta el mirador de las Cebedillas, de ahí al refugio de Regajohondo, en busca de algún sendero para incorporarnos al cordal de Las Picardeñas pasando por el Refugio de Navalcollado.

  Comimos en lo alto sobre unas peñas, al sol naturalmente, con los pinares de Navafría a nuestros pies, la Peña Buitrera enfrente y el Pico del Nevero con sus neveritos como está mandado. Pero sin perder de vista las negras nubes que se iban acercando; así que sin más historias bajamos, bajamos y bajamos hasta llegar a la terraza del restaurante que allí hay para tomar un refresquillo aprovechado los últimos rayos de sol.

           Al llegar a nuestra base nos recibieron un fuerte viento, una granizada, un rayo por allá. Era otro día completamente distinto. La aspirante? bien, se hace de la partida dispuesta a compartir nuestra procelosa vida.

 

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Tiempo de tormentas

Esta salida, como tantas veces, de no se cuantos se quedó en dos, pues vale. Aún así  decidimos mantener el plan inicial, que era subir hasta el Chorro del Manzanares en La Pedriza y bajar para comer en casa. Las tormentas que a partir de primera hora de la tarde ha habido estos días pasados no aconsejaban otra cosa.

     Así que poco después de las 9:00 dejamos el coche bien aparcadito y con una mañana espléndida y el estruendo del Manzanares de fondo, iniciamos la marcha valle arriba por un sendero que, entre flores varias, pinos robles y alguna praderita, evita buena parte de la aburrida y peligrosa pista. El río baja con mucha agua, sobrecoge un poco tanta fuerza, por lo que cada resalte se convierte en un pequeño chorro espectacular. Foto aquí, foto allí, llegamos al Puente del Retén para empezar a subir de verdad hasta el Chorro que, como era de esperar, estaba espléndido.

                                      Pausa, foto, cielo, reloj, mapa…..”Son poco más de las once, hasta las dos aún falta y parece que aguanta, en una hora llegamos al Pte. de Los Manchegos y luego podemos ir por aquí, por allí…”. Sabido es que pensar es peligroso y cuando los pensamientos se dicen en voz alta (verbalizar dicen los modernos) peor mas p´arriba. Algunas nubes más negras que otras rondaban sobre nuestras cabezas, pero nos iban dando cuartelillo, así que trailarailarito. Compartimos el Collado de Los Pastores, con unos ciclitas que poco después casi nos atropellan.

                                          Inevitablemente tuvimos que andar más pista de la que quisieramos porque, como suele ser frecuente, de algunos de los caminos que figuran en los mapas no queda ni rastro. Esta sierra no es precisamente fácil, así que encuanto vimos una mínima posibilidad (casi siempre hay alguna) nos tiramos ladera abajo y listo. Eso de buscarnos la vida nos encanta, la verdad. Paramos a picar algo (poco que la idea era comer en casa), un momentito mientras veíamos acercarse la lluvia, por suerte no se oía ni un trueno.

   Total que el “paseo” salió por un porrón de horas casi sin comer, unos cuantos metros de desnivel y sin mojarnos. Estupenda vamos.

    POR CIERTO UN  “señor” SE MOSQUEÓ PORQUE LE DIJIMOS QUE SU PERRO (de los considerados peligrosos) NO DEBÍA IR SUELTO Y ENCIMA SIN BOZAL. En fin sin comentarios, que hay unos cuantos. De paso, también les pedimos a los ciclistas un timbre que a veces compartimos territorio, sean pistas o caminos.

   

 

 

 

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Somosierra

Esta primavera nos tiene un tanto desconcertados, pasamos de la camiseta térmica a la de verano para volver a la térmica otra vez. El caso es que metimos en la mochila de todo un poco y nos fuimos a ver el Chorro de Somosierra que junto con los arroyos del Caño y de Las Pedrizas dan origen al río Duratón.

                                                          Baja espléndido y aún tiene para rato porque se mantienen algunos neveros en la cumbre del Tres Provincias o Cebollera Vieja que por los dos nombres se conoce. Había un poco de gente, se ve que no somos los únicos controladores de chorros, pero…allí se quedaron. Nosotros a lo nuestro; encaramos la empinada ladera por un senderito tortuoso y cuando se acabó….estilo Denali; ya bastante pista nos iba a tocar luego.                                                              Así que a media ladera, acompañados por el ruido del agua y el canto de los pájaros fuimos subiendo valle arriba muy entretenidos, sorteando un poco de matorral por aquí, piedras por allí, praderas, flores, agua por todas partes, buena temperatura…Vimos también algún lagartos, culebras y mariquitas que ya empiezan a despertar. Cuando nos encaramamos al cordal la cosa cambió un poco, corría un vientecillo fresco que nos ayudó a subir los últimos 300m. por una pista muy aburrida, menos mal que las vistas son espléndidas.

             Al abrigo del murete del monumento al Guarda Forestal (una enorme piedra),nos sentamos a comer, sin perder de vista el cielo que se iba cubriendo de nubes, alguna un poco negra. Eso y la bajada de temperatura acortaron la sobremesa. Pasamos un buen nevereo y ya ladera abajo acompañados  por el Arroyo del Chorro, fuimos al encuentro de la tediosa e inevitable pista que nos devolvió al pueblo.

         Entre pitos y flautas siete horas de pateo y 800m. de desnivel más o menos.

 

 

 

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Disfrutando la primavera

No muy temprano y con la promesa de los “meteos” de que el día iba a aguantar nos fuimos a S. Rafael en busca de un solitario y bonito lugar que nos gusta visitar en invierno y primavera que es cuando está más bonito.                                                                                                Alegremente emprendimos la subida por donde estaba previsto, por la Senda del Ingeniero. No se podía pedir más, agua corriendo por todos lados, buena luz, buena temperatura….Llevábamos un buen rato andando y aquello no subía ni “patrás”. Un poco mosqueados y viendo que hacia amago de bajar,  tiramos de GPS y descubrimos que según el mapa (había dos diferentes), está marcado a diferente altura ya empezamos!.

                                            Así que a buscar el mapa de papel de toda la vida.  A ver “estamos aquí, queremos ir allí, así que a subir ligeramente a la derecha”. Decidimos pasar del Ingeniero y aprovechando trochas y senderos que nos salían al paso en la ladera de Los Arteseros, sorteando los destrozos del invierno, llegamos clavados al Coll de Las Lagunas.

                Como era de esperar toda la nieve que había hace un més ya no está. A cambio el musgo de las piedras y las praderas del Collado de Las Lagunas lucían un verde espectacular. Chapoteando, para comprobar una vez más la resistencia de las botas, llegamos a la zona donde estan las lagunillas más grandes. Mientras hacíamos fotos y disfrutábamos del lugar una nube despistada dejó caer unas gotas; falsa alarma, de ahí no pasó.

  Subimos al Pié Enmedio, modesto pero muy bonito y luego nos pasamos al cordal de Los Arteseros. Allí comimos sentados en unas piedras arropados por un tibio sol, mientras vigilábamos unas negras nubes que venían del sur. En un por si acaso, levantamos el campo y nos fuimos en dirección al Collado de La Gargantilla para coger el camino que baja al lado del arroyo. Llegando al coche empezó a llover.

        Otra vez nos ha salido bien, pero la Senda del Ingeniero…..

 

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Sorpresa

Una antigua compañera de aventuras alejada durante un tiempo de estas tierras, nos envió un correo: “Podríamos salir el domingo a dar un pequeño paseo?, hace mucho que no salgo y estoy en baja forma”. Vaya, pensamos, como si eso fuera un inconveniente. Así que acordamos vernos por la mañana con un “ya veremos a donde vamos”. Es lo mejor cuando el tiempo está así.

  Efectivamente el día amaneció un poco emborronado y en cualquier momento podía llover, por lo que la elección fué el Valle de Navalmedio. Subimos hasta la Casa de Las Mariposas y pasamos por el Pino de La Cadena. Cerca de El Ventorrillo nos encontramos con un despistado que bajaba del Pto. de Navacerrada preguntando como ir a Cercedilla. “Vuelve atrás, baja por la primera a la izqda., sigue por el camino al lado del río, cuanto puedas lo cruzas, pasas el embalse y todo seguido”. Nos ponen un poco de los nervios estos que van por ahí sin saber como y …..cada día son más.

       En el Camino del Calvario hay aún bastante nieve y el rio lleva tanta agua que hace imposible cruzarlo por el vado habitual. El sol quiso asomar un par de veces, pero nada.      Al salir del bosque vimos una nube que venía soltando agua por el Oeste, así que aceleramos y cuando entramos en el coche empezó a llover. Justitos.

         Nos salió redondo el paseo además de circular.

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De paseo

Ya estamos en casa, cada uno en la suya claro. Se trataba de dar un paseo mañanero para abrir el apetito.

  Cuando llegamos al Pte. de La Aceña había 3 coches, bien. La verdad que el día pintaba un poco feucho y un pequeño escalofrío nos recorrió al bajar del coche; hay quien sostiene que es el peor momento del día. Pero como los malos ratos pronto, sin pensarlo más echamos a andar por el camino.

        El rio muy animado, los árboles y arbustos aún pelados, las piedras cubiertas de un musgo verde esmeralda y el cielo se adivinaba gris por encima de los pinos. Encantados, seremos raros?, el caso es que casi sólos llegamos a la Chorrera del Hornillo, espléndida. Par de fotos y continuamos hasta la pequeña pradera donde se encuentran el camino oficial y un empinado senderito a ratos, que va justo en sentido contrario, el nuestro claro.

                      Llegamos a los prados de Majadahoda, ya a cielo abierto, y continuamos camino del Barranco de La Cabeza. Con nieve en el camino y una nube que iba y venía tapando la cumbre subimos. No nos entretuvimos mucho que aún quedaba una buena vuelta que dar. Bajamos en busca de la Cuerda de La Negradera cruzando, neveros, prados y charcos   envueltos en una claridad lechosa, temperatura agradable y con el viento en calma.

         Es una bajada muy bonita, tendida y con unas vistas espectaculares. Veíamos a lo lejos la Sierra del Valle, La Paramera y más allá Gredos. A la derecha el embalse de Peguerinos, Cueva Valiente…. y nieve hasta bastante abajo. Dos yeguas con sus potrillos nos vieron pasar indiferentes.  Desde un colladín un camino nos bajó casi a trompicones, al vallecito del Ayo. de La Aceña y ya tranquilamente, por la pista que va al lado del río , llegamos al parking que estaba petado.

  Cuatro horas bien aprovechadas, una bonita circular y solos casi toda la mañana.

 

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