El Embalse del Pirón

  Después de volver a ver el invierno en las inmediaciones del Pto del León el sábado, el domingo nos fuimos a tierras de Segovia. A la hora en punto y con el maletero bien alineado (cosas de ingenieros) salimos rumbo al Embalse del río Pirón. Viendo su ubicación en un mapa imaginamos que valía la pena el viaje.

  Por suerte una pista tirando a regular a ratos, nos permitió llegar casi al pié de la presa que dejaba ver una lámina de agua cayendo en caprichosos dibujos. Un pequeño y florido escalón nos aupó hasta el embalse. Mudos quedamos, hermoso lugar.

  Acompañados por el frío mañanero y el silencio reinante bordeamos el embalse hasta dar con un sendero por donde reanudar la subida hasta el Pto. de Malangosto ( lugar de andanzas del Arcipreste de Hita) que era nuestro destino; 540m de nada casi sin cuartel. En la orilla dejamos a dos pescadores entreteniendo a la truchas. Primero a orilla del Pirón y luego por el de Las Corzas nos fuimos internando en el inmenso y caótico pinar. Están talando algunas zonas y ramas y troncos dificultaban un poco la marcha ayudados por un poco de matorral, por suerte sin pinchos.

Por fin llegamos al Chozo de La Chata y…..una mochila de un ciclista con cartera, móvil y poco más. Extrañados y un poco preocupados le dábamos vueltas a como proceder cuando vimos bajando por la pista tres ciclistas (eléctricos), demasiado tranquilos. A nuestras preguntas respondieron que se había cruzado con dos que iban en dirección contraria. En estas estábamos cuando vimos bajar a uno un poco apresurado al que recibimos jaleando su nombre. Después de unas cuantas risas todos seguimos nuestros caminos.

  Nosotros primero al puerto y un poco más, hasta la cruz de Juan Ruiz donde hay un altar en el que se celebra misa el primer domingo de agosto. Los vecinos de los pueblos limítrofes suben en romería para conmemorar el encuentro entre La Chata (cobradora del peaje por el paso del puerto) y el Arcipreste. Mira que viene de atrás esto de los peajes.

  Traspasados por el frío, tras disfrutar un rato de las vistas, bajamos a comer al abrigo de la entrada del chozo. Rematamos la faena bajando un rato por una pista, algún sendero, atrochando…, hasta llegar al embalse donde seguían los pescadores con más paciencia que fortuna. Había un concierto de ranas que iban callando a nuestro paso por el senderito de la orilla. Llegados a los coches, un suspiro de alivio nos hizo saber que el plumas de uno de nosotros no se había perdido, estaba en el coche.

 

 

Bonita y estupenda excursión además de un poco ajetreada.

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La Buitrera

La carretera de Burgos no nos gusta mucho, pero tratándose de la Sierra de Ayllón vale la pena el esfuerzo. Reunidos unos cuantos en el lugar habitual, emprendimos camino a la Ermita de Hontanares situada en un hermoso lugar cerca de Riaza. Las verdes praderas rodeadas de robles, donde se asienta, invitaban a pasar un tranquilo día campestre.

Peeero nuestro objetivo era otro algo más esforzado, que le vamos a hacer!!. El fresquito reinante nos animó a iniciar la marcha por la pista asfaltada hasta el inicio de un camino flanqueado por pinos y robles y coloreado por multitud de flores de diversos colores.

Pronto llegamos al Collado de La Fuente, y a partir de ahí una sucesión de piquillos y pequeños collados nos llevan al Merino que nos obsequió con una canal bastante entretenida, empinada pero fácil.  Cresteando un poco pasando por Cerro Gordo y Portillo de Los Lobos, llegamos a La Buitrera, objetivo del día.

La calima difuminaba el horizonte, pero la vista de las tierras de Segovia por un lado y las de Guadalajara por otro compensaba de sobra el esfuerzo. En el primer caso la llanura llena de colores rojizos, ocres y verdes; en el segundo el color lila del brezo y el verde brillante de la gayuba arropaban el gris severo de la piedra. Algunos neveros más o menos escondidos y al fondo, en el Valle del Río Lillas, se veía la mancha del verde tierno de las hayas de Tejera Negra.

Como el viento (no muy fuerte pero frío) que nos acompañaba no amainaba, bajamos al Collado del Cerbunal en busca de unas piedras donde comer un poco protegidos. También con el fin de llegar a un camino que habíamos visto desde arriba por donde volver. Esto de los recorridos circulares a veces nos complica un poco la vida pero esta vez salió bien.

La última bajada atravesando un robledal, nos llevó directamente al bar que está al lado de la ermita, que casualidad!!. La tranquilidad de la mañana se había ido, pero aún así  nos pareció buena idea sentarnos a la sombra y reponer los líquidos perdidos por culpa del trajín, dicen que no es bueno andar por la vida con los niveles bajos.

                  

Perfecto, descubrimiento para unos y reencuentro para otros con la Sierra de Ayillón.

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Entre puente y puente

La Semana Santa y los festivos de mayo, han dejado al grupo un tanto desmochado; menos mal que siempre queda alguien por aquí dispuesto a dar una vuelta. Además de un paseo por la S. de Hoyo para ver correr el agua por la Cascada del Covacho el domingo, ayer fuimos en busca de un poco de historia.

Al embalse de Puente Alta, cerca de Revenga, llega el Arroyo de Riofrío o de La Acebeda (según el tramo). En la cola del embalse arranca el camino señalizado que conduce al Azud y las balsas de decantación que en su día construyeron los romanos para captar agua que llevar al Acueducto de Segovia. En parte está restaurado o soterrado (sigue en uso), pero no por eso deja de ser interesante, aquellos romanos entre otras cosas eran grandes ingenieros.

Subimos por la orilla el río que bajaba con abundante agua, aún se notan los efectos del deshielo a pesar de que ha sido una temporada de nieve escasa. Después de dedicarle el tiempo necesario, continuamos hasta encontrar una pista asfaltada.

Al otro lado arranca la fuerte subida que por un antiguo cortafuegos llega a los Altos de Majalapeña. Parece que sólo hay pinos, pero mirando con antención se ven bastantes acebos aislados e incluso algún pequeño bosquete, vamos por el borde del Bosque de La Acebeda. Al tran, tran llegamos a la primera elevación. A partir de ahí nuestra vida mejora, recuperamos el resuello mientras pasando por piquillos y collados con verdes praderas llegamos al bonito y tranquilo Collado del Río Peces.

Nos sentamos a comer debajo de un hermoso pino mientras observábamos con recelo las negras nubes que se iban juntando. Esto junto con el calor sofocante nos decidió a bajar por la vía más rápida dejando la más interesante para otro día. Buena decisión, cuando llegamos al embalse en todo el cordal de la Mujer Muerta había una buena montada.

La lluvia nos pilló subiendo el Pto. de Navacerrada. Bien, como siempre.

 

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