Casillas o el Alto del Mirlo

A primera hora de la mañana íbamos viendo un horizonte despejado, sin una nube sobre nuestro destino, el día prometía. Llegados al punto de encuentro con el resto del grupo y  tras los saludos de rigor, emprendimos camino. El propio pueblo de Casillas, es una ascensión en toda regla, con unas cuestas de primera categoría. Coincidimos un ratito con otro grupo (un autobús entero) que iniciaba su marcha tambien. Un poco de charleta y nos despedimos en la segunda curva. No íbamos a seguir el mismo camino, nos va mejor la improvisación, la sorpresa, la tranquilidad …..

 

Entre castaños, robles y pinos íbamos alcanzando altura sin darnos cuenta, enfrascados en los colores del bosque, disfrutando de una buena temperatura. Por aquí, por allá llegamos a un claro que nos sirvió para tres cosas: ver las vistas y el humo de las hogueras en el castañar, darnos cuenta de que estábamos bastante altos y comprobar que se acababa el espléndido camino. Poco duró el desconcierto brujuleando un poco, pasamos sin averías un pequeño tramo algo enmarañado. A partir de ahí, continuamos enlazando trochas por medio del pinar, con gran alegría de los “seteros” que pillaron algún ejemplar notable.

 

Al llegar al cordal, tuvimos la sorpresa del día. Hacia el NO vimos un precioso y perfecto arco iris precediendo a lo que parecía una espesa niebla que avanzaba hacia nosotros. Mientras subíamos los  casi 200m que nos faltaban para alcanzar la cumbre, el cielo se cubrió por completo. El viento se tornó frío, lo que nos obligó a “forrarnos” rápidamente.   Los más previsores aprovecharon para prepararse para la lluvia que empezaba a caer, mientras tomábamos un tentenpié, que iba a ser la comida del día. Antes de que la nube nos rodeara por completo, tuvimos tiempo de: hacer un par de fotos, ver el castañar de El Tiemblo lleno de color y el embalse de El Burgillo en un estado lamentable.

 

Claramente el día se había metido en agua por lo que decidimos acortar la excursión. Aún así teníamos algo más de 2h de bajada, cantando bajo la lluvia que no dejaba de caer. Consolaba un poco pensar que algo irá a parar a los riachuelos y llegará a los pantanos. El viejo camino del puerto estaba muy bonito, el bosque mojado tiene un olor y  color diferente.

           

Una vez más constatamos que el tiempo es muy suyo. Por mucho que la previsión diga que lloverá a las 15:28, el viento será de 8km/h y +10º, hará lo que le cuadre. Lo más seguro es ir preparado para lo que pueda pasar.

 

 

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Investigando

El día casi daba miedo. A pesar de que estaba muy oscuro, muy ventoso y con previsión de lluvia, acudimos a la cita; somos gente de palabra. Lo peor que podía ocurrir era volver a desayunar juntos y volver a casa. No fué el caso. El plan era hecharle un vistazo a una posible ruta para hacer antes de la comida de Navidad, que ya está cerca. Así que nos fuimos a las faldas de La Maliciosa.

 

Emprendimos la subida tranquilamente, poniéndonos al día de lo que pasa, mientras nos caían algunas gotas traidas por el viento desde algún chaparrón cercano. Cuando llegamos arriba sufrimos en carne propia la ventolera, casi salimos volando!. Por poco nos pasa desapercibido un perfecto arco iris que estaba delante de nuestras narices. La foto salió un poco temblona, pero dadas las circunstancias puede pasar; era dificil mantener la verticalidad.

 

Emprendimos la bajada y a los pocos metros había un poco más de tranquilidad y un estupendo sol que se iba colando entre las nubes. Teníamos la ruta bastante clara, pero en un collado vimos un ancho y prometedor camino que por una vaguada iba hacía donde teníamos el coche. “Que bien, nos ahorraremos un par de kms. por lo menos”.

 

Je, je, la historia se repite, da igual lo que diga el mapa: primero se estrecha, después desaparece y….de pronto vemos un cercado con una cancela practicable, un campo de futbol y algo blanco sobre una peña que resultó ser la imagen de una virgen. Había que ir a ver que era aquello. Resultó ser una finca dedicada a campamentos juveniles con unas estupendas instalaciones. El amable guardián nos indicó dos posibilidades pora salir: la carretera asfaltada o una vereda. Como nos venía mejor fuimos por la vereda….. hasta que nos dimos de bruces con una oxidada alambrada que afortunadamente tenía un boquete. Y ya a partir de aquí a improvisar, el broche final fué saltar una verja de casi 2m de altura.

 

Fué muy interesante, ya sabemos por donde no tenemos que ir. El camino bueno también lo conocemos.

 

 

 

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Otoño

El objetivo era deambular por el Monte Abantos en busca de los colores del otoño. A la convocatoria se unió un antiguo compañero que llevaba una larga temporada en el dique seco. Nos alegró mucho contar otra vez con su compañía. Ojalá se puedan reincorporar pronto otros que también andan un poco desconectados.

 

Quedamos en el parking que hay bajo la presa del El Romeral, al lado de su magnífica arca. La mañana estaba gris y amenazadora, pero la temperatura a pesar del vientecillo otoñal era más que agradable. Así que sin más emprendimos la subida en busca de nuestro camino favorito, a ver que nos encontrábamos; cada año es una sorpresa.

 

Los chopos, dorados, los alerces aún verdes, las hayas más o menos coloreadas, los robles cambiando el color, los cerezos amarillos…., una fiesta.

 

Seguramente tardamos más de la cuenta en llegar al Pto de Malagón, pero era dificil no pararse con frecuencia. Las nubes iban subiendo con nosotros, siempre por encima de nuestras cabezas y corrían empujadas por el viento, dejando a la vista ora esto, ora lo otro.

    

Andubimos un rato de pista hasta internarnos en un pinar, con el suelo tapizado de verde y diferentes tipos de setas, por un precioso sendero al lado de un escuálido arroyo que nos llevó al Portillo de los Pozos de Nieve. Previo paso por otro de nuestros rincones favoritos, llegamos al S. Juan. Poca cosa visto desde aquí, subir desde La Jarosa es otro cantar. Eso sí, las vistas estupendas.

 

  Retrocedimos un poco para acercarnos al Abantos, mientras nos llegaba algún despistado rayo de sol. El viento seguía soplando algo más de la cuenta, por suerte no era frío, y como no nos gusta sufrir (ni necesariamente) empezamos a bajar mientras se volvía a poner el cielo muy negro, pero la cosa no pasó de unas pocas gotas. Total que bajando, bajando….a comer a casa.

   

Todos hemos contribuido al reportaje gráfico de una preciosa excursión.

 

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