El Collado de La Ventana

Esta es la historia de un estupendo recorrido por la Pedriza Exterior. Como lo hemos tomado al pié de la letra, emprezamos por donde no va casi nadie, desde el Canto del Berrueco, exterior de todo, más ya no hay.                                                                                            La mañana está fría (-2º) pero soleada así que bien abrigaditos; hasta con gorros y guantes, iniciamos el camino que, por el Hueco de Coberteros,  sube hasta el Collado de la Dehesilla. Estaba en sombra, el suelo helado y las gayubas festoneadas de escarcha. Pero pronto empezó a sobrar ropa, al fin y al cabo el camino, aunque suave, era cuesta arriba.

      Llegamos al La Dehesilla que ya estaba al sol y tras unos minutos empezamos la parte más entretenida del recorrido. Con todas las antenas bien desplegadas para localizar las marcas del camino, algunas borrosas; nos encaminábamos al Laberinto.  Alrededor de 330m. de desnivel nos separaban de nuestro destino, mucho no es, pero divertido….. a tope.

                         Tuvimos que echar mano de todas nuestras habilidades:  trepas, te arrastras, destrepas, un rato vas derecho como corresponde y….. vuelta a empezar. Un buitre en lo alto de un canto espectacular seguía atentamente nuestras evoluciones, resultaba un tanto inquietante, estaría esperando algo?.

      Tanto trajín no impidió que disfrutáramos de las vistas, las piedras caprichosas y hasta un momentito de charla con una antigua compañera de aventuras que encontramos. Al paso por la Pared de Santillana observamos unos instantes un par de cordadas, cosa poco frecuente por lo lejos que queda, aunque sigue siendo uno de los capítulos que no deben faltar en el historial de un buen escalador.

         Por fin avistamos el Cerro de Los Hoyos, la Torre de los Buitres y el Collado de La Ventana. Allí mismo en lo más alto disfrutando del lugar y del momento, comimos mientras identíficábamos todo lo que teníamos a la vista, lamentando como no? la falta de nieve. El regreso fué más tranquilo para compensar, 700m bajando sin parar, de buen camino eso sí, por el sendero que baja por el Lomo. Nos asomamos a la lagunilla que estaba helada en su mayor parte y continuamos en busca de la Senda de La Abutarda.

  

Lo peor del día, Madrid en la lejanía con una espesa nube gris encima.

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Año nuevo…..

Aquí estamos otra vez aunque no nos fuimos de todo, el que pudo hizo pequeñas escapadas; Los Cogorros, El Espartal…..

Este invierno de noche y verano de día, anima mucho para echarse a los caminos, así que hemos empezado con fuerza que hay que bajar el turrón.

        El sábado fuimos hasta La Jarosa y marcando la linea mas recta posible subimos hasta La Salamanca. Una mañana fresca y muy clara hizo que parásemos de vez en cuando a disfrutar del paisaje. Cuando llegamos arriba, nos apenó mucho ver lo destrozado que está el viejo refugio así que poco paramos allí. Nos fuimos en busca de una antigua mina de wolframio que está un poco por debajo del Collado de La Mina, y visto que se levantaba un aire un poco incómodo, bajamos a comer a una soleada pradera para después de cumplir con tan reconfortante misión, retornar por la bonita Ruta del Agua.

 

El objetivo del domingo fué La Peñota. Hay varios modos de atacarla, esta vez fuimos por la ruta entretenida en la que, para nuestra sorpresa había un grupito que pronto perdimos de vista; se ve que hay más aventureros por ahí.

               Desde el Pto. del León bajamos, para luego subir más metros (esto tenemos que hacernóslo mirar, no es la primera vez), por el PR-30 hasta la fuente de la curva para subir por la Solana de La Molinera. Como es una ruta muy poco frecuentada, el sendero está sólo está a ratos pero tampoco hace mucha falta. Con un poco de arte, te metes en un pinar, peleas un poco con los pinos, algún matorral, una alambrada, las piedras…. y cuando te das cuenta ya estás en la primera cima. Había mogollón de gente; aún así tuvimos suerte porque pudimos disfrutar de la cima en exclusiva un rato.

                 Un viento frío nos aconsejó bajar un poco en busca de un buen comedor que resultó estar por el Cerro del Mostajo. Allí se despidió uno de los componentes de la partida que tenía prisa. Terminada la sobremesa los demás, bajamos tranquilamente disfrutando del solcito de la tarde. Por el camino gracias a la modernidad, quedamos para tomar un café con unos amigos y su peque en Villalba.

  

Dos días de desniveles aceptables dentro de un tiempo razonable…., no está mal; se ve que no nos hemos pasado mucho.

 

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Ese día especial

Puede decirse que la temporada “oficial” terminó ayer. Empiezan las fiestas de Navidad y todo se trastorna un poco entre idas, venidas, fiestas y saraos, que no todo es ir al monte. Claro que algunos siempre encontraremos un hueco, aunque sea pequeño, para respirar un poco de aire fresco en escapadas casi clandestinas.       Una mañana nublada y fresquita nos esperaba en lo alto de Collado Villalba, donde nos encontramos unos cuantos con la intención de dar un paseo mañanero por la Sierra de Hoyo.  El fresquito se nos iba quedando en las primeras cuestas de esta sierra pequeñita y peleona. Resoplando más o menos, llegamos a la Peña del Águila donde paramos para hacer alguna foto mientras charlábamos con un veterano que por allí andaba. Fotos, charla y contemplación del entorno, son las mejores excusas  que conocemos para recuperar el resuello sin perder la dignidad. De ahí a la Peña Hastial fué coser y cantar, era el punto más alto del recorrido previsto y estuvimos un buen rato contemplando las vistas. Al reanudar la marcha viendo el reloj nos dimos cuenta de que íbamos un poco justos, había que recortar. Lo planeado y lo que sale a veces no tienen mucho que ver, pero explicación tiene, éramos muchos y estábamos parlanchines. Como se trataba de llegar a la segunda cita del día en hora, que somos gente seria, entramos en la primera senda, bajando a la derecha, que a mano vino mientras el sol se iba asomando tímidamente entre las nubes.

                 Así sin prisas (a la hora prevista) nos encontramos con el resto de la “peña”, los papis con los peques, los que se habían ido de cena el día anterior….. Todos juntos un año más compartimos mesa, mantel y viandas entre charlas y risas.

   Uno de nuestro veteranos (que no pudo venir, lástima) ha ya tiempo acuñó dos frases míticas, a saber: “Otro éxito del Denali” y “Larga vida al Denali”. Pues eso.

 

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Haciendo deberes

Habíamos quedado en salir a poner en práctica las enseñanzas de la semana anterior. Mejor no pudo salir el día para hacer prácticas de orientación; había niebla no muy espesa, pero buscar de buscar puntos de referencia, poco.

        Así que siguiendo las enseñanzas y consejos de Marta (hola si lees esto), fuimos a una zona más o menos conocida y “entretenida” por la cantidad de senderitos que te llevan a darte de narices con alguna via de escalada; naturalmente hablamos de La Pedriza.                                   Muy puestos en situación con el mapa y la brújula trazamos rumbo y partimos en busca del primer punto. Bien, aquí a corregir que hay que cambiar de dirección. De pronto delante tenemos dos senderos que salen en la misma dirección, uno de ellos ligeramente hacia arriba “pues este” (lo de subir nos puede). Medio trepando pasamos al lado de un endrino esplendoroso y un alcornoque colgado en un sitio imposible. Plaff! nos pegamos con El Indio. “Aquí no, hay que bajar”; marcha atrás para coger el otro camino que, sin rencor por haberle despreciado antes, nos llevaría al collado donde queríamos ir.

           Por fin salimos de la niebla y a nuestros pies un espléndido mar de nubes. Poco después llegamos a la Cueva del Ave María que era el siguiente destino. Continuamos camino arriba pasando por El Caracol y el Risco del Ofertorio para llegar a La Gran Cañada.

                Cambio de rumbo otra vez. Paramos a comer en el Risco de las Tres Puntas y….de la mochila de Alfredo salieron el turrón del montañero (chocolate con frutos secos) y una botella de sidra “que estamos en navidad” dice. Menos mal que todos los años te acuerdas compañero, que los demás andamos atontolinados. El caso es que los ejercicios de triangulación que hicimos después de comer aprovechando la buena visivilidad, salieron bastante decentes a pesar de las burbujas; un aprobadillo o así.

  Bajamos por un vertiginoso camino hasta la Garganta de La Camorza por donde, acompañados por el fragor del Manzanares, llegamos al Tranco.

        Día bonito, bonito, provechoso y divertido.

 

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Buscando el Norte

Albricias!! nuestro presi ha conseguido alinear los planetas. Resultado: unos cuantos apuntados para hacer un curso de orientación con la Fmm.

        La mañana del sábado acudimos a la cita rodeados de una niebla húmeda y fría, buen “ambiente” para aprender a orientarse. Menos mal que una cafetería nos dió cobijo para desarrollar la parte más teórica. Visto esto ale, mapa y brújula en mano a dar vueltas por Valdelatas con poco tiempo para fotos, que íbamos muy enfrascados en la tarea. La niebla levantó un poco y a la hora de comer, es un decir, quiso salir un rayo de sol que casi nos dá; hubiera sido estupendo porque alguno andaba con un poco de frío.

   

El domingo abriéndonos paso entre la niebla (otra vez) por la A6, llegamos a La Jarosa donde habíamos quedado con Marta, nuestra profe, que ha conseguido “desasnarnos” un poco dicho sea de paso. Cuatro explicaciones más debajo del tejadillo de la Ermita de S. Macario CON RESTOS DE UN BOTELLÓN en una esquina, y salimos llenos de entusiasmo dispuestos a llegar a los puntos previstos sin demasiados titubeos. No voy a extenderme más porque nuestra compañera Isabel ha resumido muy bien las jornadas además de aportar alguna foto.

  Resumen del magnífico fin de semana en “palabras”:                                                                      “Jabalineando” y cuidando “no enriscar”, todo el grupo muy atento del “stop” no superar, seguía diligente “la barandilla natural” buscando la mejor manera de “progresar”. Y cuando acecha la duda fatal, “brújula” en mano “un rumbo a trazar”. Norte del “limbo” con norte del mapa igualar y rotando con uno mismo el norte geográfico con el del limbo igualar, todo el grupo muy ufano ya sabe qué dirección tomar, sin pánico a no saber contestar  cuando Marta pregunte  dónde estás?!!!!!!!!!!!!!!

  Nos acompañó el sol, lo pasamos muy bien y….aprendimos cosas. Somos afortunados.

 

 

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Una vuelta por ahí

Este otoño alborotado que nos lleva de la manga corta al forro polar y viceversa, este fin de semana nos prometía nubes bajas y un poco de lluvia. En vista de lo cual optamos por dar una vuelta mañanera, que la tarde pintaba peor. Así que La Jarosa fué el por ahí; buen refugio cuando la cosa no da para mucho.

 

Con las nubes 200m por encima de nuestras cabezas, empezamos a andar por el Camino  del Agua, sorteando los enormes charcos que habían dejado los últimos chaparrones. El Arroyo del Picazuelo iba llegando, saltando de piedra en piedra, camino del embalse intentando rellenarlo que aún le falta. Los árboles y arbustos de las orillas daban el toque de color sobre el fondo verde de los pinos en una mañana gris y templada.

  Pronto entramos en la niebla, que por suerte no era húmeda. Llegamos a un collado y  luego por aquí y por allá, deambulamos por donde teníamos más o menos previsto, con la sensación de estar en un lugar desconocido. Tiene su gracia ver como los caminos desaparecen delante y detrás de tí.

  Encontramos un par de caminantes, dos corredores y un par de parejas paseanedo el cesto de las setas, mas vacio que otra cosa; mal año este. Saludamos, cambiamos algunas palabras con los que tuvimos más a tiro y continuamos con nuestras cosas hasta que una inspiración en forma de finas gotas nos dijo que era el momento de regresar.

  Para cuando entramos en el coche llovía.

 

 

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El día de La Almudena

No hay nada que dé más  gusto que acercarse a la sierra de Madrid un día de semana, aunque sea un festivo como la Almudena y te arriesgues a encontrar media ciudad paseando por sus faldas. Pero por suerte después de unos días de nieves, y lluvias en las cotas más bajas, estaba anunciada una ventana de buen tiempo, de unas horas sólo, pero lo suficiente para dar un pequeño paseo.

       Allá fueron los crampones y piolet, a la mochila, que ya se sabe que tras un tiempo así incluso en el Peñalara se pueden echar en falta. Fue llegar al parking de Cotos y el hielo  nos esperaba. Al poco de andar el guarda del parque recomendaba a los paseantes ponerse ya crampones, en caso de tenerlos, pues la pista inicial estaba todavía más helada y uno se arriesgaba a darse una culada. Muy obedientes, nos pusimos los crampones que de la mochila salieron quitando peso a la espalda. ¡Qué gozada!

         Y así empezamos andar. Pasado el depósito de agua ya casi no venía nadie por nuestro camino hasta el punto que en la bifurcación de la laguna grande y la de los pájaros, ya empezamos a andar solos, sin prácticamente huellas. De vez en cuando se intuía la de unas raquetas, pero nosotros abríamos la nuestra, disfrutando de la nieve recién caída la noche  anterior.

  Durante todo el camino nos acompañó una niebla fina que desdibujada los contornos, un especie de whiteout autóctono que nos hacía parecer dentro de una nube, oyendo solo nuestras pisadas . Con esta niebla seguimos andando hasta las Lagunas. Llegando a la de los pájaros la nieve cubría fácilmente medio metro, fallando a veces bajo nuestros pies y enterrándonos  hasta la rodilla. Estaba medio helada y solo  quedaba un trocito en la que se veía el agua.

  Decidimos dejarlo ahí. Habíamos ido a un ritmo muy de paseo, relajados, sacando fotos y maravillándonos de lo bonita que puede estar una montaña tras una noche de nevada. Pero la idea era bajar pronto hoy, e incluso llegar a la salida de los coles.

                                                                                         Así que nos pusimos a bajar.        Carlota.

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La Peña del Berrueco

Meteorológicamente hablando el pasado fin de semana fué invernal. Este se presentaba otoñal (el tiempo está loco), así que bien dispuestos nos encaminamos a Casillas para desde allí subir al Berrueco.

      La mañana estaba despejada y fresquita cuando entre hermosos castaños iniciamos la marcha; pronto los dejamos atrás y entre pinos llegamos al Collado de Las Vacas donde se cruzan varias pistas. Nos encontramos un par de cazadores que con la consigna de “no salgais de la pista”, despacharon nuestras preguntas. Con las orejas bien abiertas continuamos por el camino que tocaba, donde poco a poco iban desapareciendo los pinos para dejar ver el Valle del Tietar. Oh maravilla, había un estupendo mar de nubes!!.

   Disfrutando de las vistas nos cruzamos con unos cuantos ciclistas y un coche de bomberos mientras llegábamos al final de la pista, donde se inicia el sendero que sube al pico, bastante bien marcado por hitos pero lleno de incómodos cambrones. Una rápida ojeada nos ofreció mejor alternativa y en un pis pas con poco sufrimiento, llegamos a la cima. Lo primerito poner guantes, gorros, chaquetas…, un fuerte y frío viento racheado nos dejó sin respiración, a cambio teníamos el horizonte perfecto. Agazapados tras unas piedras contemplamos el espléndido panorama durante un ratito.

   Bajando pasamos por el lugar donde había unos cuantos ¿guarros está bien? comiendo cuando subíamos; dejaron unas cuantas muestras de su paso por allí. De haberlos encontrado otra vez, les iba a caer una “charla” seguro. Mas abajo estaban dos miembros de Protección Civil cuidando que no se perdieran los integrantes de una marcha que andaba por allí. Para nuestra tranquilidad fueron capaces de indicarnos por donde andaba una partida de caza que oíamos de vez en cuando, así que controlada la situación continuamos rumbo al Pto. de Casillas que era lo previsto.

          Un poco antes de internarnos en el pinar otra vez, paramos a comer al abrigo de unas piedras. Terminado el refrigerio iniciamos la bajada y poco a poco, nos internamos en una húmeda niebla que cubría el pinar, el castañar y que casi nos hace pasar de largo el coche.

  También aprovechamos para coger unas cuantas castañas de las caidas en el camino.

 

 

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De todo un poco

Hacía unas cuantas semanas que teníamos previsto ir “de hayedos”, antigua costumbre afortunadamente rescatada. Aunque la previsión para el fin de semana no era buena precisamente, no nos amilanó y enfilamos la N-I rumbo a Villasur de Herreros (Burgos), nuestra base. Lluvia, aguanieve, los mapas en casa…., no pasa nada van en el “disco duro” (el de alcornoque), ah! y las cadenas en el maletero que nunca se sabe. Al mal tiempo buena cara.

        El sábado nos levantamos con una ligera capa de nieve en los tejados y los árboles. Era lo único que alegraba la vista, porque el cielo más negro y las nubes más bajas, no podían estar. Así que reajuste fino, ruta más baja y corta que luego ya veremos. A Urrez fuimos y con paraguas y todo, empezamos a subir a su sierra por una cómoda pista flanqueada por robles y hayas de colores.

  Llegamos al reino de los pinos cubiertos de nieve, justo debajo de las nubes, así que decidimos bajar por otra pista. Unas tenadas que habíamos visto al subir, eran nuestro destino. Allí tuvimos la suerte de encontrar a un “corricolari”, que detectando nuestra necesidad de andar otro poco, nos indicó un camino bonito donde los haya. Árboles de ribera cada uno de su color, que poco a poco se iban cambiando por hayas, a orillas de un riachuelo de aguas ferruginosas, que transcurría por un estrecho barranco. “Primer camino a la derecha” nos dijo y volvimos a los pinos y….al sol!!!, para bajar por una despejada ladera con una vista espectacular y un mas que fresco viento de cara.

   Comimos en un prado con los últimos rayos de sol. Con la tarde por delante, fuimos a turistear por Pradoluengo y Ezcaray paraguas en ristre. Volviendo, salió el sol así que dimos un paseíto por el pantano de Uzquiza. Aún nos quedo tiempo para tomar una caña con un antiguo amigo, pastor en La Demanda al que guardamos mucha ley, que nos obsequió con una enorme y estupenda calabaza y unos endrinos de primera. Para rematar cenamos en la Cantina de Urrez, cuando salimos empezaba a nevar.

           El domingo amaneció desapacible, con más nieve que el día anterior, así que por si acaso emprendimos el regreso. La carretera estaba limpia y según nos alejábamos de la sierra, un viento muy, muy frio (comprobado cuando salimos del coche) se fué llevando las nubes, la nieve, la lluvia….. Paramos en Covarrubias y en Silos, donde además de ver el Claustro, tuvimos la suerte de coincidir con el canto de la hora sexta.

   Pintaba fatal pero al final despedimos como se merece el horario de verano.

 

 

 

 

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Por la carretera de Burgos

Empezamos la semana pensando en ir hacia el O, pero viendo la evolución del tiempo nos fuimos justo al lado contrario. No es que nos asuste la lluvia, pero procuramos que nos caiga encima la menor cantidad posible que es otra cosa. Así que por la mañanita, N-I arriba en dirección a la zona más despejada.

                                    Ibamos en busca de los acebos de Robregordo y gracias a una vecina madrugadora encontramos la salida conveniente; una de dos o  la señalización es un poco confusa, o no nos enteramos que también puede ser.

          El caso es que echamos a andar por el buen camino encontrando a los pocos metros acebos llenos de bolitas rojas, bien brillantes gracias a la lluvia que debió caer por la noche y a los rayos del tímido sol.  Los colores del otoño ya asoman, algún roble ponía el amarillo, un serbal daba un tono rojizo, los helechos el marrón  y los pinos……verdes como siempre.

           De pronto, nos pareció que ya estaba bien de tanta pista y aplicando aquello de que “la linea recta es la distancia más corta entre dos puntos”…., subimos por un precioso pinar lleno de piedras musgosas verde brillante, y alguna que otra seta asomando timidamente. Encontramos restos de construcciones, que algún día tuvieron su utilidad, caidas, silenciosas, tristes. Casi sin darnos cuenta, llegamos a la gran loma de Los Colgadizos desde donde contemplamos el largo cordal que en un sube y baja, rondando los 2000m, llega hasta el Pto. de Navafría pasando por los de La Acebeda, Peña Quemada y Linera.

                                                A la vuelta pasamos por otra zona del acebal, más espesa y sombría pero muy sugerente, observando por el rabillo del ojo a un perro muy enfadado porque nos debimos acercar  más de la cuenta a sus vacas. Menos mal que no pasó de ahí, lo que nos faltaba, acabar corriendo.

                                                Y esta es la historia de otro día estupendo por el que damos gracias a AEMET que cada vez lo hacen mejor.

 

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