Siete Picos

Hay que ver como está el parking de Navacerrada a las 9:30 de la mañana. Aparcamos donde nos indicaron y sin más preámbulos emprendimos el camino de Siete Picos. El día prometía, hacia fresquito y el cielo estaba casi limpio de nubes. Después de pasar por el Alto del Telégrafo a saludar a la vigen (eso creemos) que allí hay, nos acercamos a ver la pequeña hoya del glaciar que en su día hubo en la  cara sureste del primer pico; a pesar de los árboles y el matorral que la cubren, no resulta dificil de imaginar.

glaciar-7picos    img_20161002_113518858_hdrRetrocedimos un poco para retomar el camino de subida, y una vez arriba empezamos la parte más divertida del recorrido. De piedra en piedra y de pico en pico, acompañados por un vientecillo a ratos flojo y a ratos más fuerte, llegamos hasta el penúltmo pico buscando un sitio donde tomar un tentenpié, que alguien venía reclamando todo el camino. Acallada la voz lastimera, bajamos al Majalasna, el séptimo pico o el primero según se mire, y como aún era pronto para comer, fuimos por la Senda de los Alevines hasta el Collado Ventoso.

img-20161002-wa0019                                    Buscando un tranquilo comedor con vistas subimos al cerro del mismo nombre y en todo lo alto protegidos del viento por unas piedras y al sol dimos buena cuenta de la pitanza, hasta que una nube inoportuna que se paró más de la cuenta nos hizo levantar. Algo va mal, las nubes deben tapar el sol cuando vamos cuesta arriba, no a la hora de comer. img_20161002_112252884   img_20161002_125458527_hdrVolvimos al Collado Ventoso que estaba lleno de grupitos aquí y allá, pero…. en todo el medio otro grupo más grande estaba en plena clase de !!baile de salón!!. Asombrados pasamos casi a la carrera en busca de un sendero, casi desconocido, que entre subidas y bajadas, nos llevó al Puerto de Navacerrada.

img-20161002-wa0017          img-20161002-wa0027                                Esta sierra cada vez está más entretenida. El otro día vimos a un señor que la emprendió con un enorme hito de los varios que hay en el camino de Peñalara; lo desmontó por completo tirando las piedras con brío y algunas bastante grandes. Uffff!

 

 

 

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