Por los altos de El Escorial

Se trataba de hacer una excursión corta porque luego había que continuar una enrevesada lucha que nos traemos con la Administración para pedir un certificado.                                La mañana empezó bien. Aparcamos en La Penosilla y emprendimos camino por la pista asfaltada que se va a la derecha hasta encontrar  una de tierra que sube.  Por ella llegamos   al cortafuegos que va o viene según se mire, al lado de la tapia que encierra el Valle de los Caidos, llamada también de Felipe II. A estas alturas ya andaba jugueteando a nuestro alrededor una niebla no demasiado espesa que iba cambiando el paisaje continuamente.

img_20161012_102536321  img_20161210_102443378Llegamos a un collado cuyo nombre no sabemos y a partir de aquí, entramos en la parte clasificada de la excursión. Ibamos en busca de algunos de los tesoros del Abantos bastante desconocidos cuya naturaleza y ubicación preferimos no divulgar, porque si así fuere, mucho nos tememos que acaben perdiendo su relativamente buen estado de conservación. Lamentablemente comprobamos con demasiada frecuencia que hay mucho vándalo suelto por ahí, además de un gran número de imprudentes.

img_20161210_104712095        img-20161210-wa0007                   Bueno, cumplida la secreta misión salimos de la niebla y llegamos al sol. Caballos pastando plácidamente en las praderas, y algunos paseantes por el camino que por allí hay. Entretenidos en nuestras cosas, llegamos al Abantos lleno de gente. Por un momento vivimos la sensación de estar frente a la nada. Una niebla impenetrable, un enorme muro gris, ocultaba absolutamente todo lo que desde allí se ve. Comimos rapidito y bajamos lo más rápido que pudimos que había que ir a trabajar. Eso si, primero tomamos un cafetito para estar más espabilados.

img-20161210-wa0015  img-20161210-wa0016         El papeleo también va, continuará…..

 

 

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