Integral de La Pedriza – Versión Denali

Hace tiempo que esta ruta estaba entre las pendientes para muchos del grupo, en más de una ocasión nos habíamos planteado abordarla. A pesar de la baja de una de las piezas claves del Denali, parece que su espíritu y su entusiasmo por la montaña nos empujaron a preparar la ruta.

       La fecha elegida fue el 10 de junio, por mayor disponibilidad de la mayoría. Aunque es recomendable hacerla con horas de luz, y evitar épocas de heladas por los tramos difíciles, coincidió ser uno de los días más calurosos, lo que añadía el extra de dureza a la ruta. En la semana anterior los días fueron agitados; consulta de mapas, de tracks, y de preparación de cada uno de nosotros respecto a la exigencia de la ruta….., pero sobre todo estábamos motivados y emocionados, lo que se palpaba en los mensajes de esos días y siempre con el ojo vigilante de nuestro Ángel de la Guarda (Ana) que además nos facilitó datos, ruta, GPS, consejos, etc. para el recorrido.

                                               Iniciamos la ruta a las 8 de la mañana desde el parking de Canto Cochino (con ya 20 grados de temperatura). El recorrido se inicia cruzando el rio, y tomando el camino de la izquierda que nos conduce al Cancho de los Muertos, siguiendo el PR-M1, bastante señalizado. Empieza por una zona arbolada de pinos, y va ascendiendo poco a poco, ganando altura y continuando por una zona más pedregosa, desde donde empieza a divisarse el paisaje. Hasta el Cancho de los Muertos (primer punto emblemático del recorrido) tardamos aproximadamente una hora. Desde ahí, siempre ascendiendo, en ocasiones, en caos de bloques, llegamos a Collado Cabrón, cruce de caminos de varias rutas, y punto de acceso a la parte posterior de la Pedriza. Continuando hacia el noroeste, y cada vez con más desnivel, llegamos hasta El Pajarito, la Vela y la Campana, conjunto de riscos de formas espectaculares que nos deja boquiabiertos y donde abundan los robles, en contraste con los pinos de la parte inicial. Es aquí donde empezamos a sentir la grandeza de la Pedriza, el hechizo, alejados de las aglomeraciones de los puntos más accesibles desde Canto Cochino y el Tranco.

                                       Después de esta zona, dejando El Pajarito, el sendero se encajona en una canal o corredor por la que tenemos que ir ascendiendo buscando los pasos. Se agradece la sombra y, aunque la dificultad de la ruta nos ralentiza, se hace mucho más entretenida. Durante la parte del trayecto hemos encontrado a otros grupos que también realizan la ruta, pero en esta parte estamos completamente solos, lo que suma encanto al lugar.

      La ascensión continua, siendo la zona más exigente a nivel técnico, hasta llegar al Cancho Centeno, Tres Cestos  y las Milaneras, con incluso algún paso provisto de cadena en los que nos tenemos que ayudar. Siguiendo la señalización llegamos al Collado Miradero a 1885m. Desde el Collado Cabrón al collado Miradero el desnivel es de 540 m a través de senderos intrincados que nos lleva unas 2h 30min-3h. Durante todo el trayecto hemos llevado un ritmo sostenido, y tras unas horas acumuladas de caminata  es necesario bajar el ritmo para recuperar fuerzas. El trayecto desde el Collado Miradero (1885m) hasta las Torres (2042) es bastante cómodo, siguiendo la ladera con vistas espectaculares al Circo Posterior de la Pedriza. Cada uno continuamos a nuestro ritmo, disfrutando de la grandeza del paisaje y encontrando de nuevo grupos de gente. Es en el Collado Miradero donde existe posibilidad de retornar y enganchar con el sendero que lleva al refugio de Giner de los Ríos.

                                            En las Torres hacemos una parada de avituallamiento (son sobre las 12:20) y la primera foto DENALI del recorrido, tras llegar al punto más alto de la Integral de la Pedriza. Tras un breve descanso retomamos el camino, aunque aquí, con la parada, nos desorientamos algo y perdemos las señales que nos cuesta volver a encontrar, pero con la documentación y las descripciones conseguimos retomar el sendero adecuado.

  Abandonamos las Torres a través de un paso, dejando la cuarta Torre a la derecha, y el risco de la mano de dios a la izquierda (aunque no somos capaces de reconocerlo muy bien). Conseguimos encontrar de nuevo las marcas e iniciamos una ligera bajada por una canal que acaba en un sendero más señalizado, donde encontramos gente que está haciendo la ruta inversa y nos indica la dirección a seguir hasta la siguiente etapa: el Collado de la Ventana. Aquí es importante seguir la señalización del PR-M1 (blanco y amarillo) ya que es una zona fácil donde despistarse y terminar “enriscado”. El camino va perdiendo altura, en ocasiones en zonas de bloques, con formas increíbles. Aún hay un trecho hasta llegar al Collado de la Ventana, lo que es objeto de risa bromeando sobre la existencia del mismo, ya que llevamos horas pensando en encontrarlo pero nunca llega. En esta parte el sendero hace giros, que si no fuera por las marcas te haría dudar de la dirección a seguir.

                                     Durante el recorrido hemos tenido encuentros con cabras pero aquí las tenemos prácticamente en frente, y más que asustarse, se muestran curiosas, aunque siempre guardando las distancias. También encontramos buitres leonados en todo el recorrido, que aunque habituales, nunca dejan de fascinar por su majestuosidad. Y por supuesto muchos reptiles, alguna culebra y lagartijas en cada roca.

  Después de unos cuantos pasos (unos cuantos más) y ya pensando más en el estómago que en la ruta, llegamos al Collado de la Ventana (1780 m). Uno de los puntos más alejados de la Pedriza y, para mí, bastante mágico y especial, que hacía años que no visitaba y que, ahora me confirmaba porque tenía tantas ganas de hacer esta ruta: visitar estos lugares perdidos y especiales donde uno se da cuenta lo afortunado que es sólo por estar ahí. Sin duda, por el enclave y la hora (14:30h) es el momento de la parada para comer, reponer fuerzas y quitar peso a la mochila, y coger fuerzas para la bajada. En esta ruta es también critíca el agua, ya que no hay en todo el recorrido, al menos en la primera parte y por la exigencia de la ruta y el calor es necesario llevar bastante (en mi caso 4 litros  que no me sobrarían del todo, pero mínimo 3).

                                                 Tras un breve descanso, aunque quisiéramos quedarnos una vida, continuamos, ya que se inicia la bajada hasta el Collado de la Dehesilla, punto clave y de inflexión de la ruta. El descenso es bastante marcado y abrupto, ya que en poca distancia tenemos que perder altura desde los 1780 del Collado de la Ventana a los 1451 del Collado de la Dehesilla. Hay que prestar atención y no perder las señales. La primera parte, más o menos hasta la pared de Santillana, es un recorrido de pases, incluidos cruces por debajo de rocas donde es necesario quitarse la mochila para poder pasar. Todas las formas típicas de la Pedriza se suceden (lanchares, domos, berrocales, etc.). Ya a partir de la pared de Santillana el descenso se hace más abrupto entre la vegetación. El calor y las horas se acumulan y es necesario parar para recuperar las fuerzas que parece que abandonan, a pocos metros del Collado de la Dehesilla, y casi a las 16:30 por lo que el descenso ha llevado bastante tiempo y los pies también se resienten.

 

Llegamos al Collado de la Dehesilla sobre las 17:15 y parte del grupo decide volver hacia Canto Cochino, trayecto nada despreciable con el cansancio acumulado. Y al final el cuerpo manda y los buenos montañeros son los que saben medir sus fuerzas y regresar sin problemas. La montaña siempre estará ahí y estos momentos también nos demuestran el respeto que tenemos que tenerle. En otros casos serían las responsabilidades las que nos hacen acortar la ruta para estar pronto en casa. A las 17:30, los dos grupos separan su camino. Unos tardarían 1 h en llegar a Canto Cochino vía Tolmo y Refugio Giner. Tres decidimos continuar. Aunque aún queda una buena subida, y al menos dos horas más, nos anima el hecho de pensar que lo más duro ya está superado. Estamos animados y continuamos, paro algunos será incluso la primera vez que recorre esta zona.

   Desde el Collado de la Dehesilla cogemos el camino, bastante marcado, que sale a la derecha mirando hacia el exterior de la Pedriza (con el camino hacia el Tolmo a nuestras espaldas). Al principio comienza suave pero enseguida coge pendiente e incluso hay un tramo de roca a salvar que en invierno puede presentar hielo. Se sigue ascendiendo hasta el Risco del Acebo a una especie de collado, perdiendo de vista el Collado de la Dehesilla. Un poco más adelante salen dos caminos, a la derecha el que lleva a la base del Yelmo, el de la izquierda es la continuación del PR-PM1, que seguimos por la inercia de toda la ruta. Llevamos un ritmo bastante mantenido y aunque la idea era pasar por el Yelmo, cuando nos paramos para consultar la ruta pensada (aunque hay bastantes variantes) ya estamos bastante encauzados en la Senda Maeso (en la misma PR-PM1) y decidimos continuar. No defrauda, porque además es una ruta poca habitual en nuestras salidas, ya que generalmente solemos llegar al Yelmo. Además, conforme al mapa, es una ruta más amplía que rodea más zona de la Pedriza, tal y como se entiende en la filosofía de “Integral”. Sorteamos riscos y pasamos por enclaves como la Cueva de Chanan y una especie de ventana con vistas al pantano de Santillana.  En este tramo el sol nos pega de lleno pero el descenso es entretenido y también hay que estar atento, hasta la llegada a la Gran Cañada.

                                     Llegados a la Gran Cañada el terreno se suaviza, y es aquí donde debemos abandonar el PR-PM1 (señal blanco-amarilla) que continua hasta Manzanares El Real, y coger el GR-1 (señales blanco-rojo) que nos llevará hasta Canto Cochino. Desde aquí el terreno es conocido, tantas veces como hemos bajado por este sendero, pero ya hacía tiempo. Todo es recordar las distintas formaciones que vamos encontrando y reconocer a lo lejos el Cancho de los Brezos, el Pájaro y las vistas hacia Canto Cochino, viendo la meta cada vez más cercana.

  Acabamos el descenso sobre las 19:25 (19:30 en el parking) agotados, pero felices y contentos por haber completado la ruta. En el bar de Canto Cochino nos esperan nuestros compañeros y unas buenas cervezas. Todos comentamos la dureza de la ruta, y el calor, pero lo completa y bonita de la Integral, y que sin duda habrá que repetir.

           Y aquí se completa un objetivo más, recorrer una de las variantes de la Integral de la Pedriza, y además, hacerlo en la mejor de las compañías: Pepa, Alfredo, Araceli, Lourdes, Elena y Javi. Gracias por compartir esta ruta. Para mí sin duda era especial. Tres días después aún me dura la sonrisa.                        Ruth

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