Por las faldas de La Cuerda

Teníamos prevista una ruta algo más larga, pero pensando en las tormentas vespertinas la recortamos un poco. Si que fuimos al objetivo principal, los Tejos del Valhondillo. Resistían tranquilamente el paso de los años en su hermoso rincón hasta que empezó a correrse la voz; han tenido que poner vallas para protegerlos. Lamentablemente seguimos sin entender que el monte, el mar, el planeta en definitiva, tenemos que cuidarlo para que los que vienen detrás lo disfruten igual que nosotros.

          Nos encontramos con el resto de los amigos donde habíamos quedado, y sin más preámbulos Valle de La Angostura arriba fuimos por la inevitable pista en busca de un vado que hace un par de semanas estaba impracticable. Aunque los neveros siguen llenando los arroyos, se nota la bajada de caudal lo que nos permitió pasar sin sobresaltos a la pista del otro lado. Mira tu por donde al poco rato vemos (hay que ir atento) la huella de un antiguo arrastradero de troncos. Tienen su que porque siempre están en la parte más fuerte de la pendiente, pero estaba tan bonito tapizado de verde….., además nos permitia darle un buen corte a la dichosa pista.

                                            La volvimos a encontrar más arriba así que disciplinadamente la seguimos para llegar sin sofocos a nuestro destino. Es muy bonita, alta (1.600m. más o menos), cruza varios arroyos y al ser el bosque menos espeso se ve estupendamente todo el cordal desde Dos Hermanas hasta La Morcuera y el espléndido Valle de Lozoya. La idea principal era no salir de la zona arbolada, así que después de disfrutar del lugar enfilamos el sendero que a trompicones baja al lado del Ayo. de Valhondillo, mientras nos encontramos alguno que otro preguntando por los tejos. Llegados a una verde pradera sacamos nuestras viandas que despachamos en medio de una animada conversación. La verdad es que en los momentos que no vamos axfisiados cuesta arriba, se generan unas charlas que cuando nos paramos dan hasta para filosofar;mmmm muy interesante si. Debe ser el aire puro que nos inspira.

    Continuada la marcha y por no seguir la pista nos pasamos el Puente de La Angostura, así que hubo que ponerle remedio encuanto el río lo permitió, botas en mano o al cuello y pantalones remangados pasamos al otro lado bajo la atenta mirada de los “bañistas” que por allí estaban tirados. Con toda dignidad nos secamos los piés, nos calzamos y en poco rato llegamos al coche.

    Eran las cuatro y algún trueno oímos de fondo, siguen ahí las tormentas.

 

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