De sorpresa en sorpresa

Como todos los veranos el grupo anda desperdigado. Entre idas y venidas algunos nos encontramos y pensamos que no era mala idea una vuelta por Siete Picos. Por exigencias del guión (entiéndase la vida) no podíamos salir muy temprano y tenía que ser un paseo tranquilo.

Temiendo encontrar el gentío habitual (el parking lo presagiaba), emprendimos la marcha tranquilamente dejando a nuestra izquierda el rastro del pequeño hoyo glaciar que hubo un día por allí. La sombra de los pinos y el airecillo reinante nos ayudaron a subir sin sofocos; una vez arriba, coser y cantar. Primera sorpresa, solamente cuatro personas.

  Continuamos la senda y encontramos una pareja atascada, los acompañamos un rato hasta el primer camino que bajaba; se ve que tanta piedra junta no era lo suyo. Llegando al Collado Ventoso otra sorpresa, sólo un par de personas y los caballos de siempre.  Subimos a nuestro comedor de verano en el Cerro Ventoso, con los pinares de Valsaín a nuestros piés y las vistas que corresponden. Al cabo de un rato bajamos al Pto. de La Fuenfría, otros cuatro despistados. Por el camino Smichd apenas nos cruzamos con media docena de personas y las cafeterías del Puerto estaban casi desiertas. Seguía habiendo muchos coches en el parking, donde andarían?, un misterio.

  Nuestro plan de sol por la mañana y sombra por la tarde salió mejor de lo previsto porque el aire que corrió todo el día impidió que nos acalorásemos más de la cuenta.

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