De todo un poco

Hacía unas cuantas semanas que teníamos previsto ir “de hayedos”, antigua costumbre afortunadamente rescatada. Aunque la previsión para el fin de semana no era buena precisamente, no nos amilanó y enfilamos la N-I rumbo a Villasur de Herreros (Burgos), nuestra base. Lluvia, aguanieve, los mapas en casa…., no pasa nada van en el “disco duro” (el de alcornoque), ah! y las cadenas en el maletero que nunca se sabe. Al mal tiempo buena cara.

        El sábado nos levantamos con una ligera capa de nieve en los tejados y los árboles. Era lo único que alegraba la vista, porque el cielo más negro y las nubes más bajas, no podían estar. Así que reajuste fino, ruta más baja y corta que luego ya veremos. A Urrez fuimos y con paraguas y todo, empezamos a subir a su sierra por una cómoda pista flanqueada por robles y hayas de colores.

  Llegamos al reino de los pinos cubiertos de nieve, justo debajo de las nubes, así que decidimos bajar por otra pista. Unas tenadas que habíamos visto al subir, eran nuestro destino. Allí tuvimos la suerte de encontrar a un “corricolari”, que detectando nuestra necesidad de andar otro poco, nos indicó un camino bonito donde los haya. Árboles de ribera cada uno de su color, que poco a poco se iban cambiando por hayas, a orillas de un riachuelo de aguas ferruginosas, que transcurría por un estrecho barranco. “Primer camino a la derecha” nos dijo y volvimos a los pinos y….al sol!!!, para bajar por una despejada ladera con una vista espectacular y un mas que fresco viento de cara.

   Comimos en un prado con los últimos rayos de sol. Con la tarde por delante, fuimos a turistear por Pradoluengo y Ezcaray paraguas en ristre. Volviendo, salió el sol así que dimos un paseíto por el pantano de Uzquiza. Aún nos quedo tiempo para tomar una caña con un antiguo amigo, pastor en La Demanda al que guardamos mucha ley, que nos obsequió con una enorme y estupenda calabaza y unos endrinos de primera. Para rematar cenamos en la Cantina de Urrez, cuando salimos empezaba a nevar.

           El domingo amaneció desapacible, con más nieve que el día anterior, así que por si acaso emprendimos el regreso. La carretera estaba limpia y según nos alejábamos de la sierra, un viento muy, muy frio (comprobado cuando salimos del coche) se fué llevando las nubes, la nieve, la lluvia….. Paramos en Covarrubias y en Silos, donde además de ver el Claustro, tuvimos la suerte de coincidir con el canto de la hora sexta.

   Pintaba fatal pero al final despedimos como se merece el horario de verano.

 

 

 

 

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