La Peña del Berrueco

Meteorológicamente hablando el pasado fin de semana fué invernal. Este se presentaba otoñal (el tiempo está loco), así que bien dispuestos nos encaminamos a Casillas para desde allí subir al Berrueco.

      La mañana estaba despejada y fresquita cuando entre hermosos castaños iniciamos la marcha; pronto los dejamos atrás y entre pinos llegamos al Collado de Las Vacas donde se cruzan varias pistas. Nos encontramos un par de cazadores que con la consigna de “no salgais de la pista”, despacharon nuestras preguntas. Con las orejas bien abiertas continuamos por el camino que tocaba, donde poco a poco iban desapareciendo los pinos para dejar ver el Valle del Tietar. Oh maravilla, había un estupendo mar de nubes!!.

   Disfrutando de las vistas nos cruzamos con unos cuantos ciclistas y un coche de bomberos mientras llegábamos al final de la pista, donde se inicia el sendero que sube al pico, bastante bien marcado por hitos pero lleno de incómodos cambrones. Una rápida ojeada nos ofreció mejor alternativa y en un pis pas con poco sufrimiento, llegamos a la cima. Lo primerito poner guantes, gorros, chaquetas…, un fuerte y frío viento racheado nos dejó sin respiración, a cambio teníamos el horizonte perfecto. Agazapados tras unas piedras contemplamos el espléndido panorama durante un ratito.

   Bajando pasamos por el lugar donde había unos cuantos ¿guarros está bien? comiendo cuando subíamos; dejaron unas cuantas muestras de su paso por allí. De haberlos encontrado otra vez, les iba a caer una “charla” seguro. Mas abajo estaban dos miembros de Protección Civil cuidando que no se perdieran los integrantes de una marcha que andaba por allí. Para nuestra tranquilidad fueron capaces de indicarnos por donde andaba una partida de caza que oíamos de vez en cuando, así que controlada la situación continuamos rumbo al Pto. de Casillas que era lo previsto.

          Un poco antes de internarnos en el pinar otra vez, paramos a comer al abrigo de unas piedras. Terminado el refrigerio iniciamos la bajada y poco a poco, nos internamos en una húmeda niebla que cubría el pinar, el castañar y que casi nos hace pasar de largo el coche.

  También aprovechamos para coger unas cuantas castañas de las caidas en el camino.

 

 

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