El día de La Almudena

No hay nada que dé más  gusto que acercarse a la sierra de Madrid un día de semana, aunque sea un festivo como la Almudena y te arriesgues a encontrar media ciudad paseando por sus faldas. Pero por suerte después de unos días de nieves, y lluvias en las cotas más bajas, estaba anunciada una ventana de buen tiempo, de unas horas sólo, pero lo suficiente para dar un pequeño paseo.

       Allá fueron los crampones y piolet, a la mochila, que ya se sabe que tras un tiempo así incluso en el Peñalara se pueden echar en falta. Fue llegar al parking de Cotos y el hielo  nos esperaba. Al poco de andar el guarda del parque recomendaba a los paseantes ponerse ya crampones, en caso de tenerlos, pues la pista inicial estaba todavía más helada y uno se arriesgaba a darse una culada. Muy obedientes, nos pusimos los crampones que de la mochila salieron quitando peso a la espalda. ¡Qué gozada!

         Y así empezamos andar. Pasado el depósito de agua ya casi no venía nadie por nuestro camino hasta el punto que en la bifurcación de la laguna grande y la de los pájaros, ya empezamos a andar solos, sin prácticamente huellas. De vez en cuando se intuía la de unas raquetas, pero nosotros abríamos la nuestra, disfrutando de la nieve recién caída la noche  anterior.

  Durante todo el camino nos acompañó una niebla fina que desdibujada los contornos, un especie de whiteout autóctono que nos hacía parecer dentro de una nube, oyendo solo nuestras pisadas . Con esta niebla seguimos andando hasta las Lagunas. Llegando a la de los pájaros la nieve cubría fácilmente medio metro, fallando a veces bajo nuestros pies y enterrándonos  hasta la rodilla. Estaba medio helada y solo  quedaba un trocito en la que se veía el agua.

  Decidimos dejarlo ahí. Habíamos ido a un ritmo muy de paseo, relajados, sacando fotos y maravillándonos de lo bonita que puede estar una montaña tras una noche de nevada. Pero la idea era bajar pronto hoy, e incluso llegar a la salida de los coles.

                                                                                         Así que nos pusimos a bajar.        Carlota.

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