La Casa del Capitán

El día prometía y el objetivo lo teníamos claro, la mismísima Cueva Valiente (el pico también). En la zona del puente del Ayo. de La Gargantilla, nos recibieron 2º a la sombra y un ligero airecillo que nos aconsejaron abrigarnos un poco aún sabiendo la subida que nos esperaba. En lo alto estaba el sol, así que sin pensarlo más emprendimos camino.

 

“Que alegre baja el arroyo, mira los tejos, por aquí hay una fuente…..” y así burla burlando, salimos del bosque y llegamos al Peñón de la Cabeza del Buey. Las vistas y el sol nos hicieron parar un momentito. Buscamos el senderito que va a la cueva, no muy claro en el inicio, y cuidando de no resbalar en el hielo agazapado entre piedras y matorrales, llegamos. De allí a la cumbre por el camino más corto claro, pocos metros pero entretenidos. Además de piedras, matorral, pinos caidos y algún hito despistado, la fuerte pendiente le da un plus que ya, ya. También se podía desandar hasta el Peñón, pero… lo que nos hubiéramos perdido!!.

       Bueno por fin llegamos arriba, vuelta al ruedo y camino hacia el Alto de La Gargantilla. Allí encontramos unos letreros muy bien puestos donde apenas se lee nada, pero si volvimos a encontrar la silueta del montañero, se vé que su propietario se mueve por aquella zona; mejor eso que “Pepe quiere a Puri” o peor. Tambien se adivinaba una flecha, 36´Casa del Capitán. Vimos la hora, nos miramos y fuimos.

      Resultó muy interesante, primero la búsqueda, porque el presupuesto de letreros se le debió agotar allí. Pero el fino olfato de uno de los componetes de la expedición (hoy sólo dos), dió con los restos de una posición defensiva, casi en lo alto de una loma,  que debió ser bastante importante a juzgar por la superficie que ocupa. Un bunker rodeado de trincheras, algunas en muy buen estado de conservación. Suponemos que en su día aquellos parajes estaban pelados, porque ahora los pinos no dejan ver gran cosa.

Disfrutando de la temperatura, el canto de los pájaros, el rumor de los arroyos y el vuelo rasante de algún insecto atrevido, nos sentamos a degustar nuestras viandas en un pequeño prado. De ahí al coche un pis, pas.

Misión cumplida, otro día estupendo.

 

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