Por los Altos de La Barranca

28 de Septiembre de 2019. Después de varios  “voy, no voy” y no podemos, los tres que sí lo teníamos claro nos fuimos a La Barranca, en busca de una aspirante a formar parte del Club, que no conocíamos; cita a ciegas montañera, cosas de la modernidad.

 

Como le habíamos datos para identificarnos no encontró enseguida, así que sin muchos preámbulos agarramos las mochilas y para arriba; La Maliciosa nos llamaba. Primero los pinos y luego la ladera nos protegieron con su sombra la mayor parte del camino que, sin respiro, sube por el Ayo. de Las Tijerillas. Subimos casi solos, pero cuando llegamos al cordal……nos dió un “flush”,  parecía que habían soltado a todo un enorme gimnasio (por los atuendos) en el camino normal digamos. A este paso van a tener que poner semáforos.

 

Sorteando los diferentes grupos llegamos a la cima donde, oh que suerte! pudimos hacer una foto de cumbre solos al lado del vértice geodésico, antes de que llegase la siguiente oleada. Está pintado de rojo, obra de algún “artista” irresponsable y lamentablemente no es el único. También hemos visto pintadas (estas de color amarillo)  en algunas piedras del camino de Siete Picos con comentarios  poco respetuosos, de tinte político. Se ve que los cafres aún no se han extinguido, lástima.

 

Mientras nuestra acompañante se dedicaba a hacer fotos, encantada porque nunca había llegado tan alto. Nosotros, estudiábamos  el terreno que teníamos a la vista pensando en nuevas salidas, al tiempo que lamentábamos el bajo nivel de los embalses. Después de preguntarle a la “aspirante” por su estado general y proponerle alargar el recorrido, bajamos al Coll. del Piornal para subir a La Bola. Era la hora de comer y la tentación de acompañar el bocata con una cerveza fresquita nos llevó a la cafetería del telesilla (señor ten piedad, pero es que alguien iba sin agua), donde descubrimos que tenemos un camarero “personal” de altura, con bandeja y todo.

 

El asunto dio para unas cuantas risas mientras dábamos cuenta de nuestros deliciosos bocadillos. Tras la sobremesa, bajamos al Coll de Emburriaderos donde diríase  que había una manifestación. Entramos en el camino que baja hacia el Ayo. del Infierno y luego por el bosque llegamos al parking, evitando la aburrida pista, llena de paseantes. Otro patatús, sólo faltaban coches colgados de los árboles. Lo bueno es que había mucha gente joven con bebés, ojalá le cojan afición que monte hay para todos.

 

Debimos portarnos bien porque nuestra compañera se fué encantada, con ganas de repetir y no muy machacada según las últimas noticias.

 

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