Un día mágico

Como otras veces, había previsión de lluvia. Pero fieles a la máxima de que “siempre se puede hacer algo”, nos citamos a la hora de costumbre.

 

A6 arriba, oteando el horizonte tratábamos de marcar el rumbo. Había oscuras y espesas nubes ancladas en las cumbres; hasta el Abantos estaba desaparecido. La lógica (ayudada por el mapa del tiempo) nos condujo al Valle de Lozoya.  Mejor no podía estar: cielo amenazador sobre nuestras cabezas, viento en calma y temperatura razonable. Según bajábamos hacia Rascafía, vimos que no había hueco en la carretera sin coche aparcado, “mmmm buscadores de setas” que resultaron ser muchos y gritones.

 

Desde el Mirador de Los Robledos, emprendimos la subida a Cabeza mediana. Por ahí ya empezamos a encontrar a los ocupantes de los coches con su cesto más o menos grande. Menos mal que la cima estaba tranquila; unos cuantos caballos pastoreaban ajenos a nuestra presencia. Bajamos a Maribarba, subimos el Cerrito Sarnoso, llegamo a la Collada de Garcisancho y….. el duende inspirador nos sugirió un borroso camino que, subiendo por la cada vez más empinada ladera, nos iba a llevar a algunos rincones más que bonitos.

 

Además de los pinos, robles, acebos, mostajos, fresnos, avellanos, abedules y serbales nos salían al paso, algunos empezando a vestirse de otoño. Entretanto las cumbres jugaban al escondite con la complicidad de las nubes, entre las que de vez en cuando se colaba un tímido y fugaz rayo de sol. Por un momento vimos Peñalara.

 

Comimos al lado de un trampal casi seco porque el agua que llevan los arroyos, aún es insuficiente. Y ya bajando volvimos a encontrar más gente, al tiempo que veíamos el suelo arrasado con montones de setas rotas y machacadas.

    

Con la tontería de “ir a ver que hay por aquí”, nos salió una pateada bastante larga. Pero aún nos quedaron ganas de ir a dar una vuelta por el Bosque de Finlandia. También nos dió para un rato de charla con la persona que atiende el punto de información del Parque en el Paular. Se quedó encantada con la información que le dimos de nuestro paseo (la de los buscadores de setas no) ; buena conocedora de su valle, nunca había ido por allí. A cambio nos enteramos de algunas cosas que nos pueden venir bien para futuras andanzas.

 

Volvimos por el Pto de La Morcuera donde estaba instalado un estupendo día de invierno: 4º, viento bastante fuerte con lluvia racheada y una niebla más que espesa.

 

   

Fué la única lluvia que vimos en todo el día.

 

 

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