La Mujer Muerta

Aunque enclavada en el Sistema Central, la Mujer Muerta está en tierras segovianas. Por su cara N la subida es la más dura, pero también la más bonita, o eso nos parece.  Además su soledad habitual es un regalo que la diferencia de otras zonas.

  Desde la Cañada Real Soriana Occidental, emprendimos camino en dirección al embalse del Río Peces bajo un sol castigador, conocedores de que pronto nos íbamos a internar en un espléndido pinar; casi 900m. nos separaban de cumbre de La Pinareja. El calor y la fuerte subida atacaron a uno de los componentes del grupo lo que obligó a ralentizar la marcha. A partir del Collado del Río Peces, el grupo se dividió.

 

Entre pinos y retamas la facción más tranquila llegó al Cerro de la Muela, a partir de ahí el camino se vuelve pedregoso, por lo que resulta más entretenido; suerte que corría un poco el aire.  Mientras súbíamos observábamos las nubes de polen que arrastradas por el viento salían de los pinares de Valsaín y del Río Moros.  Poco después llegamos a La Pinareja, mirador espléndido donde los haya. Lo que teníamos a la vista estaba situado más o menos así. Al N la meseta segoviana envuelta en la calorina. Más cerca a nuestros, pies las espléndidas pedreras que se despeñan ladera abajo. Hacia el E el cordal de Peñalara, los Montes Carpetanos, la Cuerda Larga…, hacia el S, Montón de Trigo, La Peñota…. y hacia el O la casi desconocida Sierra del Quintanar.

  Saltando de piedra en piedra llegamos a la Peña del Oso, donde estaba esperando la avanzadilla del grupo. Comimos juntos, hechamos unas risas y continuamos la marcha. Nos volvimos a dividir, unos rumbo al Pasapán y otros pensando en acortar un poco el camino emprendieron bajada a la pista que “está ahí” (300m más abajo), primero por lo que parecia un amable camino que salía del collado y que acabó en una espléndida pedrera trufada de enebro rastrero y frambuesos que le daban un bonito toque color verde. No aprendemos, una vez más constatamos que no hay atajo sin trabajo (versión fina). La tendencia que tenemos a ver el lado bueno de las cosas nos convenció de que como práctica estuvo bien.

  

Más o menos juntos llegamos a los coches donde nos despedimos y nos fuimos a disfrutar de la animación del domingo por la tarde en la carretera de La Coruña.

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Una clásica

En esta ocasión nos planteamos acometer una de las rutas clásicas de la Sierra de Guadarrama, la ascensión al pico de Peñalara, haciendo una circular: Cotos, Laguna de Peñalara, Laguna de los Pájaros, Claveles, pico de Peñalara y bajada por Dos Hermanas, de vuelta a Cotos. Unos 13 km. con un desnivel acumulado de 700m.

  Salimos del parking de Cotos a las 9, ya con muchos coches y 15 grados de temperatura. Auguraba un día de calor. Nos acompañaban dos nuevos incorporados al club, Belén y Darío buenos fichajes. La subida a la Laguna de Peñalara, muy agradable con la eclosión de los piornos en flor y las vistas a la Cuerda Larga, todo un contraste de verdes y amarillos intensos, además mezclado con el olor de la mañana y de la flor del piorno.

 

Continuamos nuestro recorrido hacia las pequeñas lagunas intermedias encontrándonos aún algún nevero y coro de ranas cantando. Tuvimos la gran fortuna de llegar a la Laguna de Los Pájaros prácticamente solos, pero rápidamente se llenó de senderistas, casi sin saber por donde habían venido. Tras las fotos de rigor, continuamos la ascensión por Claveles, pasando aún por un nevero que se resiste al aumento de las temperaturas.

       La subida exigente, pero afortunadamente corta. Fuimos cumbreando encontrándonos con bastante gente, nuestro Everest en pequeño. Simplemente con paciencia llegamos hasta el último apretón hasta llegar al pico de Peñalara. Como era de esperar, había bastante gente, por lo que hicimos foto rápida y emprendimos el descenso. Todo el camino amenizado con la conversación de Carlota y Ruth grandes oradoras.

  Entretenidos conversando nos pasamos la salida del camino hacia Dos Hermanas, pero rápidamente retomamos las trocha. Hacía calor aunque corría algo de brisa así que paramos a tomar un tentenpié y bajamos entre los pinos de nuevo a Cotos. 5 horas de ruta a un ritmo tranquilo, en las partes de subida más pronunciada, subiendo cada uno a su ritmo y sin incidencias, que es lo más importante. Acabamos tomando un refresco, alguno una cerveza, en la terraza de Cotos y vuelta a MADRID.

   

Gracias Isidro por el relato y las fotos de la aventura del sábado.

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Cuidando la cantera

Por fin conseguimos alinear a casi todos los planetas!. El día prometía ser propicio climatológicamente hablando. Teníamos fichada una tranquila pradera con buenas vistas, cerca del coche con: alguna piedra que trepar, un par de rústicas cabañas, bichos varios, flores que mirar y hasta un par de vacas que pasaron por allí….., el lugar ideal para la gente menuda. Así que se lanzó el bando convocando al personal y dando pistas  para llegar al punto de encuentro.

 

Por una parte los que han superado la etapa de crianza, después de cumplir con el deber ciudadano, partieron rumbo a Camorritos para dar una vuelta y hacer tiempo hasta la hora de comer. No hay nada mejor que una buena cuesta para abrir el apetito.

 

Con un molesto y fresco vientecillo fuimos en busca del Rio Pradillo para remontarlo hasta el chorro. Abandonamos el sendero y como íbamos sobrados de tiempo, fuimos en dirección a los Riscos de Cueva Lirón por esos otros caminos que no figuran en los mapas ni en los tracks y que tanto nos gustan. Como antes o después desaparecen hay que improvisar, así que medio trepando por aquí, sorteando pedrolos por allá, llegamos a la Senda Herreros adornada con curiosos hitos; los artistas también andan por el monte.

 

En la fuente de Los Acebos, entramos en el bonito Camino de La Cabra para ir a la Pradera de Aurrulaque. Una pasadita por los Miradores y ya bajamos hasta el Raso de Pedro Morales, donde habíamos quedado con el resto de la peña. A la hora prevista, guay!!

  Aquí empezó lo mejor del día. La alegría de encontrarnos con los que vemos con menos frecuencia, besos, abrazos, charlas, risas…….y los peques correteando por el prado a sus anchas bajo la atenta mirada de todos. Después de una buena sobremesa más o menos tirados o sentados por el verde, todos juntos hicimos el camino de vuelta hasta los coches.

               Ya andamos en busca de lugar para la próxima cita.

 

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