Investigando

El día casi daba miedo. A pesar de que estaba muy oscuro, muy ventoso y con previsión de lluvia, acudimos a la cita; somos gente de palabra. Lo peor que podía ocurrir era volver a desayunar juntos y volver a casa. No fué el caso. El plan era hecharle un vistazo a una posible ruta para hacer antes de la comida de Navidad, que ya está cerca. Así que nos fuimos a las faldas de La Maliciosa.

 

Emprendimos la subida tranquilamente, poniéndonos al día de lo que pasa, mientras nos caían algunas gotas traidas por el viento desde algún chaparrón cercano. Cuando llegamos arriba sufrimos en carne propia la ventolera, casi salimos volando!. Por poco nos pasa desapercibido un perfecto arco iris que estaba delante de nuestras narices. La foto salió un poco temblona, pero dadas las circunstancias puede pasar; era dificil mantener la verticalidad.

 

Emprendimos la bajada y a los pocos metros había un poco más de tranquilidad y un estupendo sol que se iba colando entre las nubes. Teníamos la ruta bastante clara, pero en un collado vimos un ancho y prometedor camino que por una vaguada iba hacía donde teníamos el coche. “Que bien, nos ahorraremos un par de kms. por lo menos”.

 

Je, je, la historia se repite, da igual lo que diga el mapa: primero se estrecha, después desaparece y….de pronto vemos un cercado con una cancela practicable, un campo de futbol y algo blanco sobre una peña que resultó ser la imagen de una virgen. Había que ir a ver que era aquello. Resultó ser una finca dedicada a campamentos juveniles con unas estupendas instalaciones. El amable guardián nos indicó dos posibilidades pora salir: la carretera asfaltada o una vereda. Como nos venía mejor fuimos por la vereda….. hasta que nos dimos de bruces con una oxidada alambrada que afortunadamente tenía un boquete. Y ya a partir de aquí a improvisar, el broche final fué saltar una verja de casi 2m de altura.

 

Fué muy interesante, ya sabemos por donde no tenemos que ir. El camino bueno también lo conocemos.

 

 

 

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Otoño

El objetivo era deambular por el Monte Abantos en busca de los colores del otoño. A la convocatoria se unió un antiguo compañero que llevaba una larga temporada en el dique seco. Nos alegró mucho contar otra vez con su compañía. Ojalá se puedan reincorporar pronto otros que también andan un poco desconectados.

 

Quedamos en el parking que hay bajo la presa del El Romeral, al lado de su magnífica arca. La mañana estaba gris y amenazadora, pero la temperatura a pesar del vientecillo otoñal era más que agradable. Así que sin más emprendimos la subida en busca de nuestro camino favorito, a ver que nos encontrábamos; cada año es una sorpresa.

 

Los chopos, dorados, los alerces aún verdes, las hayas más o menos coloreadas, los robles cambiando el color, los cerezos amarillos…., una fiesta.

 

Seguramente tardamos más de la cuenta en llegar al Pto de Malagón, pero era dificil no pararse con frecuencia. Las nubes iban subiendo con nosotros, siempre por encima de nuestras cabezas y corrían empujadas por el viento, dejando a la vista ora esto, ora lo otro.

    

Andubimos un rato de pista hasta internarnos en un pinar, con el suelo tapizado de verde y diferentes tipos de setas, por un precioso sendero al lado de un escuálido arroyo que nos llevó al Portillo de los Pozos de Nieve. Previo paso por otro de nuestros rincones favoritos, llegamos al S. Juan. Poca cosa visto desde aquí, subir desde La Jarosa es otro cantar. Eso sí, las vistas estupendas.

 

  Retrocedimos un poco para acercarnos al Abantos, mientras nos llegaba algún despistado rayo de sol. El viento seguía soplando algo más de la cuenta, por suerte no era frío, y como no nos gusta sufrir (ni necesariamente) empezamos a bajar mientras se volvía a poner el cielo muy negro, pero la cosa no pasó de unas pocas gotas. Total que bajando, bajando….a comer a casa.

   

Todos hemos contribuido al reportaje gráfico de una preciosa excursión.

 

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Un día mágico

Como otras veces, había previsión de lluvia. Pero fieles a la máxima de que “siempre se puede hacer algo”, nos citamos a la hora de costumbre.

 

A6 arriba, oteando el horizonte tratábamos de marcar el rumbo. Había oscuras y espesas nubes ancladas en las cumbres; hasta el Abantos estaba desaparecido. La lógica (ayudada por el mapa del tiempo) nos condujo al Valle de Lozoya.  Mejor no podía estar: cielo amenazador sobre nuestras cabezas, viento en calma y temperatura razonable. Según bajábamos hacia Rascafía, vimos que no había hueco en la carretera sin coche aparcado, “mmmm buscadores de setas” que resultaron ser muchos y gritones.

 

Desde el Mirador de Los Robledos, emprendimos la subida a Cabeza mediana. Por ahí ya empezamos a encontrar a los ocupantes de los coches con su cesto más o menos grande. Menos mal que la cima estaba tranquila; unos cuantos caballos pastoreaban ajenos a nuestra presencia. Bajamos a Maribarba, subimos el Cerrito Sarnoso, llegamo a la Collada de Garcisancho y….. el duende inspirador nos sugirió un borroso camino que, subiendo por la cada vez más empinada ladera, nos iba a llevar a algunos rincones más que bonitos.

 

Además de los pinos, robles, acebos, mostajos, fresnos, avellanos, abedules y serbales nos salían al paso, algunos empezando a vestirse de otoño. Entretanto las cumbres jugaban al escondite con la complicidad de las nubes, entre las que de vez en cuando se colaba un tímido y fugaz rayo de sol. Por un momento vimos Peñalara.

 

Comimos al lado de un trampal casi seco porque el agua que llevan los arroyos, aún es insuficiente. Y ya bajando volvimos a encontrar más gente, al tiempo que veíamos el suelo arrasado con montones de setas rotas y machacadas.

    

Con la tontería de “ir a ver que hay por aquí”, nos salió una pateada bastante larga. Pero aún nos quedaron ganas de ir a dar una vuelta por el Bosque de Finlandia. También nos dió para un rato de charla con la persona que atiende el punto de información del Parque en el Paular. Se quedó encantada con la información que le dimos de nuestro paseo (la de los buscadores de setas no) ; buena conocedora de su valle, nunca había ido por allí. A cambio nos enteramos de algunas cosas que nos pueden venir bien para futuras andanzas.

 

Volvimos por el Pto de La Morcuera donde estaba instalado un estupendo día de invierno: 4º, viento bastante fuerte con lluvia racheada y una niebla más que espesa.

 

   

Fué la única lluvia que vimos en todo el día.

 

 

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