Curso en Gredos

Era el momento de hacer un curso de iniciación al alpinismo, así que lo organizamos de manera que también pudiesen ir los paseantes y los papis con los peques. Salió un grupo estupendo, 13 en total.

      La verdad es que las previsiones no eran muy allá, pero confiando en nuestra buena estrella nos pusimos en marcha hacia Hoyos del Espino. Luego nos enteramos de que había sido el mejor fin de semana desde el mes de Enero.

      El sábado por la mañana (enmarronado) los cinco cursillistas y dos paseantes se fueron a La Plataforma. Más o menos juntos subimos hasta el pluviómetro, camino de la nada, luego cada uno a sus cosas. No se pudo subir mucho pero si que aprovecharon bien el día aunque la autodetención fué dificil de practicar, la nieve estaba blanda.

         El domingo amaneció nevando ligeramente, pero el monitor esperaba a las 8:30, así que se fueron dispuestos a lo que fuese. Les salió muy bien porque a medida que iban subiendo al Morezón las nubes se iban retirando y tuvieron la suerte de ver el gran espectáculo de las nevadas cumbres de El Circo. El día perfecto a cambio de dos intentos anteriores que tocó ciclogénesis explosiva, ya era hora!!.

 

 

        Visita obligada es la Iglesia de la Virgen del Espino, enclavada en un lugar desde donde se ve toda la sierra. Un corto paseo que dimos nada mas llegar.

     Resumiendo, un estupendo fin de semana para todos, que la sección tranquila también hizo lo que pudo aprovechando que no llovía.

 

 

 

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Siguen las borrascas

Por la mañana caía agua….cantidad. Pero no faltaba ni uno de los que habíamos acordado salir. Alguien en un mensaje preguntaba si no sería mejor llevar el neopreno y otros se llevaron el paraguas. Todos (elegantes que somos) perfectamente vestidos para la ocasión y dispuestos a poner a prueba la impermeabilidad del equipo. La moral del personal estaba alta, más que nada porque los “meteos” anunciaban una ventana con sol y todo a media mañana.

     En el alto del León nos encontramos con el resto del equipo y en medio de la niebla y una lluvia discreta, acordamos volver al Valle del Río Moros a ver el Salto de La Trucha del que nos habían hablado los amigos de S. Rafael. El plan era otro pero con un día tan perro lo mejor era hacer algo tranquilo.

       Mismo sitio y casi la misma hora pero diferente. Para empezar había más árboles y ramas caidos que la semana anterior. La nieve que habíamos pisado, bajaba en regatos más o menos atropellados por las laderas hasta el río Moros que iba desbocado, precioso. El cielo gris, niebla, y…esa luz especial que da al bosque el rojizo tronco de los pinos, sobre todo cuando están mojados; ah! y llovía un poco.

                                           Un pié delante del otro nos fueron llevando por la pista valle arriba sorteando los tramos de nieve y hielo, en animada charla. Pasado el embalse del Tejo, abandonamos la pista en “más o menos por aquí”, porque el sendero (que por lo visto hay) estaba tapado por la nieve. Tan embalados íbamos, que casi nos damos de bruces con el muro del embalse de Las Cabras. Lo arreglamos volviendo para atrás unos cuantos metros y allí estaba, rugiendo, sólo para nosotros el Salto de La Trucha.

  Encantados de la vida nos acercamos al embalse del Tejo que hace un més estaba en las últimas, y ahora suelta agua por el aliviadero. Para volver nos buscamos una variante, porque la misma pista otra vez, era demasiado!!!. Llegamos a los coches, nos sacamos lo mojado (prueba superada) y a comer cada uno a su casa.

     La ventana?, se quedó en ventanuco por el que vimos un poquito de cielo y otro poco de sol velado.

 

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Tren de Borrascas

Aún con el anucio de viento y agua por todo lo alto, tres de nosotros nos fuimos de paseo mañanero, queríamos comer en casa. Consultamos la meteo; “el viento viene del Sur mejor al otro lado”. El Valle del Rio Moros fué el elegido. Salimos de la base con sol, pero al ver la Sierra casi nos dá un patatús, el gris más oscuro (porque decimos marrón?) que habíamos visto en la vida cubría todo el horizonte. Peeero como somos optimistas y curiosos (había que ver el otro lado) encaramos el Pto. del León en medio de la nube y chispeando.  Nada más pasarlo……el azul más rabioso de los mejores días allí, para nosotros. Le enviamos unas fotos a los que se rajaron por si no nos creían, o…. es que seremos malos?.

   Aparcamos al lado del Puente Negro, sólo había un par de coches y… un autobús!!. Tranquilidad nadie a la vista, así que emprendimos el camino del Pto de Pasapán con una temperatura ideal para andar (4º), solcito y los pajaritos cantando. Tras el primer repecho empezamos a encontrar una nieve estupenda para andar, así que disfrutando de la subida, llegamos al Alto del Casetón. Para esa hora el día había ido cambiando poco a poco y las nubes ya cubrían algunas cimas.

     Un poco de caldo calentito, un par de higos y para abajo por un cortafuegos primero y luego……senderito por aquí, nieve por allá y más abajo agua por todas partes. Después de tanta sequia daba gusto chapotear. Se oía el estruendo del Rio Moros comportándose como un auténtico arroyo de montaña.

        Ya en la pista vemos subiendo a dos personas a las que, quien esto escribe, se había encontrado en su deambular por ahí la semana anterior,  en uno de sus rincones favoritos. Son una pareja encantadora, vecinos de S. Rafael. Nos alegramos mucho del encuentro y después de un rato de charla nos despedimos.

      El plan B era ir a tomar un chocolate con churros a S. Rafael.

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La Maliciosa

Disfrutando de la nieve desde La Barranca

 

 

 

 

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Lo que dió de sí

La mañana del domingo no pintaba peor que tantas otras, pero en previsión de que anunciaban nevadas en cualquier cota decidimos quedarnos cerca de casa.                                         Nos encaminamos a Hoyo de Manzanares, aparcamos y hechamos a andar encantados de la vida. Mañana fresca, buena visibilidad sobre todo hacia el Oeste, se veía nieve en el Abantos, Las Machotas….. y hasta un clarito por el que asomaba el cielo azul, perfecto para andar. Apenas media hora más tarde, bajaron las nubes agazapadas en los altos y empezó a nevar mansamente. Continuamos disfrutando del momento un rato, pero en vista de que el horizonte cada vez era más reducido, arreciaba y empezaba a cuajar la nieve y más que nada pensando en el coche dimos la vuelta a paso ligero, que andar con nieve por la carretera no nos hace mucha gracia. Bueno, algo más de una hora de paseo rematada con un chocolate calentito convenientemente acompañado de churros y porras fué nuestra recompensa.                                                                                                                                                     Las fotos muestran lo que la nube no nos dejó ver.

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Casillas

El sábado unos pocos se fueron al pico Casillas.                                                                                Dejaron el coche a la entrada del pueblo del mismo nombre y por una de sus casi imposibles cuestas, se fueron en busca del antiguo camino que entre castaños, robles y pinos sube hasta el Pto. de Casillas y así evitar la interminable pista. Llegados arriba además del refugio de cazadores, y letreros varios se encontraron con que hacía un viento frío del demonio y las cumbres de alrededor tapadas por unas feas y espesas nubes. Un ligero cambio de planes les llevó hasta el Pozo de Nieve. Un vistazo rápido, un par de fotos y media vuelta que no era cosa de salir volando.                                                                                                                                                      La cima queda pendiente para otro día.

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Dos semanas de Enero

La segunda semana de Enero había nieve en Navacerrada, así que dejamos el coche en las inmediaciones del pueblo y nos fuimos dando un tranquilo paseo con las raquetas por el Valle de La Barranca. Más arriba de la Fuente de La Campanilla la nieve estaba muy blanda, y aún con raquetas se hacía penoso andar, así que volvimos sobre nuestros pasos.

             La tercera semana hicimos doblete.                                                                                                      El sábado aprovechando la visita de una buena amiga nos dimos un paseo mañanero para luego ir a comer con el resto de amigos que por diferentes motivos no podían venir. La Berzosa fué el escenario y los protagonistas principales unas nubes velando el sol y un viento fresco bastante molesto. Llebábamos una peque en la expedición así que no subimos mucho pensando en su bienestar. Lo de menos era la ruta, en realidad encontrarse con los antiguos amigos fué lo mejor del día.

   

El domingo nos fuimos al Escorial. Dejamos el coche en un apartadero de la pista que va al Pto. de Malagón y empezamos a subir por el primer camino que encontramos. Era una buena senda que iba más o menos derecha a la cima, pero a veces de  te sale al paso un senderito tentador y por él nos fuimos. Legamos a la cresta que baja desde el refugio de los forestales y siguiendo algunos itos que había por allí , cuando nos dimos cuenta estábamos en la cima del Abantos. A diferencia del día anterior, el sol y el viento en calma invitaban a quedarse un buen rato disfrutando del panorama.

   Bajamos con la sensación de que estábamos en primavera.

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Empezando 2018

Dos de nosotras tenemos por costumbre de empezar el año en la montaña, más arriba o más abajo según el tiempo permita y  el castigo que el cuerpo lleve. Este año se nos unió una buena amiga, paisana para más señas. Así que con buen día y ganas de andar al sol, salimos el trío camino de Miraflores pensando en ir al Perdiguera.

                                                                  Buscando una nueva ruta, que es más entretenido, subimos por un camino bastante destrozado (las motos parece ser) una buena cuesta preguntándonos si no nos habríamos pasado con el turrón. Llegadas al Pico de La Pala, de modesta altura pero espléndido mirador, nos recibió una ráfaga de frío viento que casi nos tira. Después de abrigarnos convenientemente, miramos alrededor y no nos gustó mucho lo que vimos. El dichoso viento traía una amenazadora nube que empezaba a cubrir la Najarra, La Morcuera y nuestro destino, así que sin más aspavientos y cuidando de no salir volando, dimos la vuelta buscando otro camino diferente para bajar. Descubrimos la llamada Senda de Paco, muy chula, con cómodas zetas, bien marcada y buenas vistas. El sol se iba velando y la sensación de frío aumentando a causa del viento. Unas amigables piedras a un lado del camino, nos abrigaron mientras comíamos el bocata acompañado de una entretenida charla. Una vez cumplido el trámite, continuamos el camino en busca del coche para ir a tomar un café calentito y convenientemente acompañado, ya que según pudimos comprobar y a pesar de los supuestos excesos, aún subimos las cuestas con cierto salero.

       Al final nos salió una circular de tres horitas muy chula y apropiada para cualquier día que no haya muchas ganas de andar. Pero eso sí, cuesta arriba y cuesta abajo como está mandado.

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Paseo mañanero

En una mañana fría y luminosa, los más andarines nos citamos en las inmediaciones del parque de Bomberos que hay en la carretera de La Barranca. Se trataba de dar el acostumbrado paseo antes de la comida de Navidad. Este año además venía una de las más jóvenes del Club a espaldas de su orgullosos y fuertes papis.

         Nos encaminamos al Embalse del Chiquillo a comprobar que aún tiene agua, bastante para los tiempos que corren. Sin más trámites, empezamos a andar por un camino ancho, amable y suave al principio, que rápidamente se convirtió en un pindio sendero hasta que salvada una zona rocosa, se suavizó de repente con gran alivio por parte de todos, que en estas fechas llenas de comidas y cenas, no estamos para muchas florituras. Salvados!! era la Senda Ortiz que sin más sobresaltos nos llevó hasta la pradera donde hubo un hospital, ahora mirador, que algunos conocemos por Walpurgis, nombre que da que pensar. El viento frío hizo que parásemos poco por allí, ademas se acercaba la hora de comer. Empezamos a bajar por un buen camino, pero una vez más el mapa nos traicionó. Camino había pero a mitad de la empinada ladera, se internó en una zona de matorral  que casi nos traga, menos mal que no duró mucho. Por fin reapareció  y llegamos a los coches sin más sobresaltos.

   Con buen apetito nos fuimos al encuentro del resto de la peña para compartir una civilizada y estupenda comida, calentitos, sentados en sillas a una mesa…..una rareza vamos. Nos despedimos con el ánimo de empezar 2018 con nuevos bríos; veremos porque por motivos que no vienen al caso, este se nos ha quedado un poco flojo.

 

 

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Las Cinco Lagunas de Gredos

Después de un agradable desayuno, empezamos a hora temprana nuestra ruta con destino a Cinco Lagunas. Lo primero que nos llamó la atención fue la falta de agua del rio Tormes y lo seco que estaba todo el terreno. Tras cruzar el rio y el pequeño arroyo que hay más adelante comenzamos nuestra subida por un robledal y unos hermosos prados donde tranquilamente pastaban unas vacas con sus crías. A pesar de la hora temprana que era la temperatura era elevada y eso añadió dificultada a la ruta. La subida fue tranquila y relajada sin hacer ninguna parada hasta llegar al Chozo de La Barranca.

                                      Tras la corta parada para beber un poco de agua continuamos nuestro ascenso. Es desde aquí donde empieza realmente la parte bonita y entretenida de la ruta, por un pequeño sendero que va ascendiendo poco a poco salvando pasos rocosos con un desnivel no muy pronunciado hasta que llegas al desvío del sendero que asciende hasta 5 Lagunas y que lentamente, sin grandes sobresaltos (pero con mucho calor) vas ascendiendo con alguna parada para poder disfrutar del paisaje que vas dejando atrás. Cuando estábamos casi coronando el ascenso no encontramos con un grupo de montañeros bastante numeroso que venían desde el otro lado de la montaña a los que gustosamente les cedimos el paso. Cuando llegamos a la cima la vista que tienes de lo dejado atrás merece la pena, pero la vista de lo que tienes por descubrir es preciosa, aquí te encuentras con la primera de las lagunas. Paras disfrutas y continuas con tu camino para ir poco a poco descubriendo cada una de ellas.

   La luz y el silencio que tuvimos era realmente merecedor del esfuerzo realizado.  Montamos nuestro campamento en la cuarta laguna. Después de comer unos decidieron seguir caminando y otros decidimos que una buena siesta al sol era una opción estupenda. La tarde la pasamos muy divertida y relajada. Después de muchas risas antes de dormir y contemplar un cielo estrellado espectacular, amanecimos más tarde de lo que esperábamos, noche para unos fría, para otros luminosa pero agradable e inolvidable para todos. Valoramos y comentamos si hacer la ruta circular o no, opción que descartamos por la duración de la misma, comenzamos a desayunar y recoger para empezar de nuevo el regreso hacia los coches. Como dato curioso, en la paz y soledad de la laguna, en la noche, únicamente vimos algunos frontales que indicaban que no estábamos solos, razonamiento poco realista, pues cuando emprendimos la marcha nos juntamos en algunas zonas más técnicas con una fila de no menos de 15 personas. Abandonábamos todos a la vez el mismo lugar.

  Aun siendo lineal  la ruta, siempre el sentido inverso te deja sorpresas nuevas a la vista, ángulos distintos, luces diferentes, en definitiva, disfrute y más disfrute de un  paisaje tan agreste. Hicimos una bajada muy entretenida por un buen caos de rocas con una verticalidad importante, poco a poco nos fuimos alejando del precioso circo glaciar. Y así, de muy buen humor y con un canturreo constante de todas las canciones que se nos venían a la mente, fuimos descendiendo y pasando un paisaje de alta montaña a zonas de robles y caminos agrícolas. El peso cargado y la distancia recorrida ya se hacía notar cuando en el último tramo de la pista vimos de lejos los coches y con gran tristeza volvimos todos a la realidad. Una vez más la magia de la montaña realizo el efecto terapéutico que tanta satisfacción  produce. Preparando ya la siguiente, nos supo a poco.

 

Gracias a todos por tan buen compañerismo, voluntad y ganas de hacer que experiencias así sean  inolvidables.  Pepa

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