Misión cumplida

Nuestra colaboración con la Fmm en el mes de la mujer, consistía en organizar una ruta para quien se quisiese apuntar. Pues bien al final nos juntamos 18, de los cuales 14 eran mujeres que de eso se trataba.

Habíamos quedado en la Ermita de S. Macario (La Jarosa) con la idea de subir al Cerro de La Salamanca, pasar por la mina, bajar por el Camino del Agua…..ya veremos. Siempre tan concretos no lo podemos evitar, en fin.

Parlanchines como siempre enfilamos el camino que entre pinos y sube al Cerro de los Lobos. Solcito, buena temperatura, praderita verde….casi daban ganas de quedarse allí. Sobre todo viendo el soleado cortafuegos (nuestro camino) que sube como un tiro hasta el Cerro de La Salamanca; casi nos dá un mareo. Pasado el susto, resignados y cogiendo aire, subimos buscando la sombra, que entre el sol y la cuesta….

 

A Al final no fué para tanto, además las vistas y el piscolabis mañanero compensaron tanto sufrimiento, aunque el estado del refugio…. Allí mismo salió el ya veremos, íbamos mejor de lo que pensábamos de tiempo así que decidimos alargar un poco la ruta a partir de La Mina. Camino del Cerro de Los Álamos Blancos vimos algunos acebos brillando entre los pinos, mucho muérdago y lamentablemente también, una gran cantidad de nidos de procesionaria.

Después de cotillear los restos de edificaciones que hay en el Cerro, aprovechamos unas rocas soleadas para comer con La Jarosa a nuestros pies. De allí nos fuimos a otra bonita pradera en la zona de La Pinosilla, con una fuente y un pino incluido en el catálogo de árboles singulares de la Comunidad de Madrid.

Desde ahí emprendimos la bajada por un empinado y polvoriento camino que propició algún resbalón sin mayores consecuencias. Llegados al parking, no nos quedó otra que ir al bar a tomar un merecido refresco y rematar las charlas del día.

Lo pasamos muy bien, los participantes descubrieron nuevos lugares y  puede que alguno decida incorporarse a esta esforzada vida.

Con permiso del que acuñó la frase en su día “OTRO ÉXITO DEL DENALI”.

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La Sierra del Rincón

No llegan a 2000m los picos de esta sierra, pero se pueden hacer buenos desniveles por unas laderas empinadas, escasas de senderos árboles y agua, pedregosas, de matorral impenetrable, buenas vistas y con una belleza diferente, algo dura quizá. Además conviene informarse en la temporada de caza, no vaya a ser.

Una carretera con curvas de mucho “ambiente” (de un lado y de otro) que sube desde Prádena, nos llevó a la bonita Puebla de La Sierra, único pueblo del valle.

Llegamos sin novedad, enteros. Así que sin perder el tiempo, cruzamos el Ayo. de La Puebla y para arriba 650m sin respiro, por senderos más o menos visibles entre el matorral recién cortado (un golpe de suerte). A continuación un endemoniado cortafuegos-pedrera nos llevó hasta un alto que nos sirvió para tomar un poco de aire. Pero no había terminado la cosa, nos esperaba aún una especie de trepada por unas pequeñas canales de piedra descompuesta la mar de entretenidas. Tanto trajín, al sol la mayor parte del tiempo y por encima de los 20º, casi nos mata; menos mal que íbamos vestidos de verano.

Por fin llegamos al Collado Llano y…..OOOH!!!, a nuestros piés los embalses de la zona Este brillando al sol y las Canales de La Peña de La Cabra. A lo lejos las sierras de Guadarrama y Ayllón con la poca nieve que le queda, La Cabrera, La Pedriza….. De golpe olvidamos las penurias. De ahí a la cumbre de la Peña saltando de piedra en piedra, ya fué coser y cantar.

Bajamos para continuar en dirección al Pto. de La Puebla escudriñando con atención la ladera que nos esperaba, en busca de una supuesta cañada de la que no vimos ni rastro. Pero si encontramos un comedor con buenas vistas y el vertiginoso  cortafuegos que iba a ser el camino de regreso. Resignados y con la reductora puesta bajamos, para no llegar rodando sin querer a una pista que había más abajo. El par de kilómetros que anduvimos por ella nos supieron a gloria, por fín andábamos derechos!!!. Por cierto que en este tramo vimos unos cuantos robles portentosos, impresionantes aún sin hojas como están.

Paradita en el bar del pueblo a beber un refresco bien ganado, y la vuelta por la no menos interesante, preciosa y retorcida carretera que va a Robledillo de La Jara, con el permiso de un nutrido rebaño de cabras guardado por hermosos mastines.

Una preciosa, entretenida y esforzada circular, tanto andando como en coche.

Los que no conocían la zona, se llevaron una gran sorpresa y volvieron encantados.

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La Casa del Capitán

El día prometía y el objetivo lo teníamos claro, la mismísima Cueva Valiente (el pico también). En la zona del puente del Ayo. de La Gargantilla, nos recibieron 2º a la sombra y un ligero airecillo que nos aconsejaron abrigarnos un poco aún sabiendo la subida que nos esperaba. En lo alto estaba el sol, así que sin pensarlo más emprendimos camino.

 

“Que alegre baja el arroyo, mira los tejos, por aquí hay una fuente…..” y así burla burlando, salimos del bosque y llegamos al Peñón de la Cabeza del Buey. Las vistas y el sol nos hicieron parar un momentito. Buscamos el senderito que va a la cueva, no muy claro en el inicio, y cuidando de no resbalar en el hielo agazapado entre piedras y matorrales, llegamos. De allí a la cumbre por el camino más corto claro, pocos metros pero entretenidos. Además de piedras, matorral, pinos caidos y algún hito despistado, la fuerte pendiente le da un plus que ya, ya. También se podía desandar hasta el Peñón, pero… lo que nos hubiéramos perdido!!.

       Bueno por fin llegamos arriba, vuelta al ruedo y camino hacia el Alto de La Gargantilla. Allí encontramos unos letreros muy bien puestos donde apenas se lee nada, pero si volvimos a encontrar la silueta del montañero, se vé que su propietario se mueve por aquella zona; mejor eso que “Pepe quiere a Puri” o peor. Tambien se adivinaba una flecha, 36´Casa del Capitán. Vimos la hora, nos miramos y fuimos.

      Resultó muy interesante, primero la búsqueda, porque el presupuesto de letreros se le debió agotar allí. Pero el fino olfato de uno de los componetes de la expedición (hoy sólo dos), dió con los restos de una posición defensiva, casi en lo alto de una loma,  que debió ser bastante importante a juzgar por la superficie que ocupa. Un bunker rodeado de trincheras, algunas en muy buen estado de conservación. Suponemos que en su día aquellos parajes estaban pelados, porque ahora los pinos no dejan ver gran cosa.

Disfrutando de la temperatura, el canto de los pájaros, el rumor de los arroyos y el vuelo rasante de algún insecto atrevido, nos sentamos a degustar nuestras viandas en un pequeño prado. De ahí al coche un pis, pas.

Misión cumplida, otro día estupendo.

 

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